Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Armaduras, economía y sociedad
1-11-2016 11:47
Por Verion
La mayoría de los lectores de este espacio estarán acostumbrados a jugar a juegos de rol en los que los personajes llevan armaduras. Es una costumbre muy sana para aquellos que viven terribles batallas, y por extensión para aquellos que participan en “aventuras”. Sobre el tema se ha escrito mucho, y es francamente difícil añadir más sin sentar muchos preámbulos pantanosos que a día de hoy no me apetece recorrer, así que me voy a centrar en el hecho económico y social.

No obstante sí que traigo a colación el hecho de que las armaduras son incómodas de llevarse. Molestan lo suyo, dan calor, son lentas de equiparse, y como tengas que ir a defecar tienes un problema… ya se sabe. Esto hace que la imagen del guerrero que se pone la armadura por la mañana y se la quite por la noche sea un poco optimista, pero hay más: las armaduras, como las armas, tienen un contexto nada trivial.


¡Ah, un disclaimer (exención de responsabilidad)! Esto no es un artículo de historia, es un artículo de rol. He leído del tema, pero no soy historiador, para eso hay otros blogs y otros tipos mucho más expertos que yo.

El primer hecho más o menos evidente es que las armaduras no son baratas, y cuanto más sofisticadas más caras son. Los occidentales acaudalados tendemos a pensar en ellas como “un bien más” que podríamos tener si ahorrásemos un poco (en lugar de un ordenador nuevo, o algo así), pero la realidad es que simplemente un yelmo bien hecho podía ser un bien prohibitivo, en función a cuánto de avanzada fuera la minería y la metalurgia.

Lo que quiero decir con esto es que no es disparatado que una armadura decente pudiera costar del orden del sueldo de un hombre durante treinta años. O sea, prácticamente toda su vida laboral. Sin comprar comida.

Suena muy extremo, pero hay que tener en cuenta que hoy en día un 50% de la población vive por debajo del umbral de pobreza (menos de dos dólares al día), mientras que a principios de los años ochenta ese porcentaje era del 70%. No es difícil pensar que en una sociedad mucho más antigua un 99% de la población (de hecho más) viviría en esa situación. A lo largo su vida laboral, una persona en esta situación habrá cobrado algo más de veinte mil euros.

En este sentido habría que pensar en un país en el que todo lo que no sean los nobles vivan en esta situación de pobreza absoluta. Entonces, ¿cuántos coches habría por la calle? Pues ciertamente muy pocos, tan solo los de los nobles y como mucho la de los empleados que les presten servicios vitales (que ellos consideren vitales).

Esto nos lleva a la situación social que citaba. Incluso aunque nuestro aventurero de fortuna se haya hecho una potencia económica capaz de adquirir una de estas impresionantes piezas de equipo, y no le moleste el calor y todo eso… ¿entrará en una población con ella puesta? Porque sin duda va a tener a todo el mundo detrás, se van a enterar los organismos oficiales y probablemente sea invitado a una recepción con la nobleza del lugar que querrá saber sus intenciones.

Pero incluso aunque nos diéramos de bruces con una situación hipotética en la que una de estas sociedades hubiera avanzado mucho, nos encontraríamos con otra limitación curiosa: la ley.

En la Europa moderna tenemos la costumbre de pensar que está prohibido portar armas, pero no deja de ser cierto que hay lugares en los que está igual de prohibido llevar chalecos antibalas. El motivo es que siempre se busca que los cuerpos de seguridad tengan una ventaja inmediata en caso de combate. Volviendo a una situación tecnológicamente pretérita, en este sentido en el que también pueden estar prohibidos los caballos en el interior de las ciudades podemos encontrarnos lugares en los que llevar armadura no se permita.

Como digo, esto solamente tiene sentido en lugares en los que la sociedad y la legislación esté más desarrollada. Si las armaduras son bienes totalmente infrecuentes y prohibitivos por su mismo precio, entonces no sería normal que se desarrollara esa legislación, sino que las excepciones se trataran caso a caso.

Querría añadir que otro precepto cultural que he visto aplicado de una forma quizá inadecuada sea el de la uniformidad de los ejércitos, algo que una vez más solo es propio de los estados muy desarrollados, y que salvando casos como el romano, es relativamente reciente. En este sentido nos podemos encontrar con varias situaciones:

Que la uniformidad no exista o no se aplique a las armaduras. En este sentido los soldados más bien irían “a cuerpo” o con aquello que pudieran permitirse por su propia cuenta para defenderse. Esto tiene su contexto social, claro, no se parece en nada una unidad de rebeldes escoceses a unos lanceros egipcios.

Que la uniformidad exista, pero sea costeada por cada particular. El estado obligaría a portar armadura, pero no la prestaría a cada soldado, quien tendría que hacerse cargo de su obtención y mantenimiento. Alguien podría pensar que entonces nadie ser haría con una armadura: pues no es correcto. Aquellos que no cumplan o bien van a las unidades de carnaza inferiores, o bien son apresados por incumplimiento ciudadano…¡y a las minas o a las galeras!

Finalmente tenemos el caso en el que la uniformidad existe y es costeada por el estado mediante sus representantes. En este caso hablamos de unas sociedades normalmente más organizadas en las que los impuestos ya son más elevados. Es una situación que normalmente está asociada a las sociedades más modernas.

Creo que cuando estos principios son aplicados y respetados por igual tanto por jugadores como por máster se consigue trasladar una situación más plausible y un poco menos “de videojuego” que en muchas ocasiones me parece percibir, especialmente en jornadas en las que no tengo el tiempo de soltar todo este rollo.


En definitiva, la armadura más frecuente sería la siguiente:



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