Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Armaduras, economía y sociedad… en Espada Negra
2-11-2016 12:58
Por Verion
Ayer publiqué un artículo con este título… pero en términos genéricos, no aplicado específicamente al mundo de Espada Negra. Normalmente obro así con los artículos que considero que tienen interés genérico para que estén exentos de acusaciones de intencionalidades publicistas. En los casos en los que como este haya una solicitud expresa, procederé a publicarlo de forma separada, y supongo que no le parecerá mal a nadie.

No puedo empezar sin mencionar que el mundo de Espada Negra vive en estado tecnológico y social que no es del todo enmarcable en los términos del mundo que todos conocemos, pues su estancamiento religioso ha anclado mucho el científico y cultural… en ciertos aspectos. Todo esto tiene sus finezas que afectan al asunto a tratar, pero tampoco quiero echar la mañana en ello y aburrir en exceso al visitante, así que sentaré sus bases según vayan surgiendo.


En el mundo de Espada Negra lar armaduras son caras. En unas naciones más que otras, eso seguro, pero en ninguna un trabajador particular de un sector de clase baja va a considerarlo un bien aceptable. Por ello las armaduras van a ser siempre objetos extremadamente llamativos que señalarán a los que los porten como seres especiales a los que tener vigilados. Y esto en prácticamente todas las partes del mundo, a las que habrá que sumar sus agravantes particulares, que son los que paso a señalar.

Dormenia

Este es un lugar en el que uno quiere pasar desapercibido, principalmente porque la Corrección es un motor social de máxima importancia, así que lo normal es que nadie quiera llevar armadura. Hay que tener en cuenta que encima el metal es un bien escaso, por lo que el coste de una armadura que no sea de cuero va a ser extremadamente cara.

Prácticamente todas las armaduras que circulan tienen su origen, de hecho, en el ejército... y ni siquiera en todas las unidades. En este caso tenemos un modelo no demasiado organizado puesto que las competencias dormenias no están del todo definidas.

Lo acostumbrado en este sentido es que el noble a cargo de cada unidad consiga el equipo adecuado para la misma, y que si eso se lo reclame a un instancia superior como pueda ser el jefe de su familia o el ministro de la guerra. En este sentido se puede decir que la uniformidad de armaduras existe y es provista por el estado… en las unidades más formales, como pueda ser la guardia real o la legión del sur. En otras como la caballería ligera o el ejército regular la cuestión va a estar un poco más a la elección del oficial o las circunstancias locales.

En cualquier caso, como digo las competencias no están del todo definidas, por lo que si algún soldado se hace por sus medios (o sea, saqueando) con una armadura… nadie le va a decir nada en tanto que adapte un poco los colores para que encajen con los de su ejército.


Una armadura probablemente cogida de un
cadáver de un compañero de la legión del sur.


Después de que las unidades sean desmovilizadas, muchos luchadores intentarán rapiñar algo del equipo utilizado durante la correspondiente guerra. Los nobles estarán más dispuestos a hacer la vista gorda si en el proceso ellos se han lucrado fuertemente, pero si no podrían ser algo más estrictos e impedir este tipo de actividad. Con estas armaduras luego pueden buscar trabajo como guardias, mercenarios, o bandidos… o introducirlas en el mercado.

Un caso especial lo supone la caballería pesada Taunori, cuyos integrantes son en su mayoría de una clase social algo elevada. Es normal que estos individuos se costeen la armadura, o que por lo menos accedan a alguna forma de financiación particular con el noble de turno que es estudiada caso por caso. La obtengan como la obtengan se considera posesión suya, y prácticamente lo es como un derecho sagrado.

Clanes guneares

La peculiar idiosincrasia de los clanes de las montañas (la mentalidad del acero) lleva a que las armaduras sean, de hecho, una parte significativo de la sociedad. Todo guerrero va a tener una forma de armadura, aunque sea simplemente un escudo ventral con el que demostrar su condición y valía.

Esto no significa que las armaduras sean en sí comunes, pero desde luego son mucho más asequibles que en otras partes del mundo, y teniendo en cuenta que no hay legislación que impida su uso (aunque sí costumbres que pueden dificultar su obtención) nos encontramos con un variado crisol de modelos personalizados.

Hay que añadir que salvo contadísimas excepciones, no existe ninguna uniformidad en ejército alguno, como por otra parte prácticamente no hay ejércitos. Por lo tanto la obtención y uso de armaduras compete absolutamente a los individuos particulares.


Otro que sin duda ha saqueado...

Esto no significa en absoluto que un guerrero pueda viajar de forma disimulada con una armadura, ¡al contrario! Los guneares son muy curiosos con respecto a lo que los objetos de un hombre dicen de sí mismo, y sabrán leer en la armadura de cualquier guerrero que aparezca por sus pueblos, e incluso tendrán muchos prejuicios en función a sus características y uso.

Harrassia

En esta peculiar nación surgida de la exaltación del individualismo encontramos muchas características indeseables y muy pocas apetecibles, si bien hay una destacable: en general las armaduras no son demasiado prohibitivas a nivel económico, quizá no tan accesibles como en los clanes guneares, pero sin duda mucho más que en el resto de naciones. A esto hay que sumar que su compra no exige permisos especiales, por lo que hay cierta circulación de estos objetos en el mercado.

Por lo demás nada es muy halagüeño. En las unidades militares decentes la uniformidad de la armadura es una exigencia estricta, pero tiene que costearla cada ciudadano, normalmente con préstamos bancarios. Como resultado, los más pobres acaban en las unidades con menos prestigio.


Uniformidad bastante estrica

Aunque como he dicho, ninguna ley impide a un ciudadano comprar una armadura, su uso sí que está absolutamente prohibido en las calles de la mayoría de ciudades. Esto tiene un motivo simple: sería nefasto prohibir las armas, puesto que siempre se pueden ocultar, así que para que la guardia tenga ventaja se prohíben las armaduras (y de hecho los caballos), así que en general portar una armadura de estas suele ser el previo de acabar dando explicaciones en el departamento de prisiones.

No obstante diversos elementos de la sociedad pueden obtener un permiso temporal o permanente en función a sus actividades. Es el caso de los sicarios del estado que obviamente tienen que cubrirse las espaldas. No obstante incluso estos prefieren recurrir a protecciones poco llamativas para que no se huela su condición a doscientos metros.

Un caso especial es el de la guardia real Najshet, cuyas cuidadas armaduras son todas carísimos ejemplares guardados de una época de mayor esplendor, y en cualquier caso entregados individualmente a los miembros del citado cuerpo.

Eridie

En la lejana isla del sur hay poco de todo en general, y el metal no es una excepción, así que no existiendo comercio, las armaduras pertenecen siempre al estado, como por otra parte todo, puesto que no existe la propiedad privada. La sociedad eridia hace un gran esfuerzo para que sus soldados tengan un equipo de gran valor, y por lo demás nadie lleva una armadura. Ni un arma, de hecho.

Este es uno de esos casos en los que el estado tiene el control, y por lo tanto la uniformidad es completamente estricta. Las armaduras son una gran parte de la identidad de las cohortes y de los soldados, y tienen mucho peso cultural.


Un orgulloso guerrero eridio

Si bien es posible encontrar algunas piezas en el mercado negro (posible, pero difícil) la realidad es que incluso consiguiendo una, nadie podría llevarla por la calle sin llamar la atención de la guardia (que en este caso es también militar).

En la región independentista de Tirtie la situación es bien distinta. Conviene tener en cuenta que existen unidades militares conocidas como “zobagar” en las que no hay ningún tipo de uniformidad, y la elección y uso de armaduras dependen completamente de cada individuo. Los ejemplares de metal no solo son carísimos, rarísimos y probablemente ineficientes, sino que además tienen cierta mala fama, pues consideran que los guerreros valientes no necesitan ese tipo de cosas.


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