Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Algunas experiencias de la hostia jugando en jornadas
13-10-2016 10:06
Por Verion
Ayer publiqué un artículo sobre experiencias de mierda en jornadas. No soy el tipo de persona que vaya todo el rato fingiendo felicidad con el objetivo de crear la sensación de que “lo que hago mola un montón” o algo así, sino que digo lo que siento, y a veces son cosas buenas y a veces son cosas malas.

Es algo que me disgusta mucho de la sociedad actual, y especialmente de las redes sociales. Todo el mundo habla de lo fantástico que es todo, y luego algunas personas sienten que su vida es una mierda porque no es tan guay como los demás. Me gusta hablar de mis pensamientos de suicidio, me gusta hablar de mi depresión con el rol, pero creo que a veces me paso.

Me va bien. Y a Espada Negra le va mejor aún. Hay muchas partidas del juego de rol, y muchas de las que no me entero. Cuando sacamos cosas nuevas, se demandan, y esto nos permite sacar las siguientes. Los organizadores de jornadas nos llaman y salen buenas actividades que prácticamente siempre están llenas. Pero lo mejor de todo, para mí, es que la hermandad es cada vez más grande y en ella hay cada vez más personas afines a una mentalidad que se reafirma a sí misma. ¡Somos cojonudos!

No somos los únicos. A veces los organizadores de eventos son increíbles, y desde luego se dejan sus genitales en crear un espacio de juego que es en buena medida un impulso para el rol y por lo tanto para este proyecto en particular. El hecho de que la inmensa mayoría lo hagan de una forma altruista es algo maravilloso. ¡Bravo por ellos!

Pese a ello no me gusta mucho dirigir en jornadas, como ya dije en el artículo anterior. De cada cien partidas me ocurre algo que me fastidia en… no sé, veinte. Pero otras diez son la hostia, y es gracias al esfuerzo de los citados organizadores (gracias) y al de los jugadores, cuya cooperación es imprescindible para dar lugar a estas situaciones increíbles.

No puedo insistir bastante en que esta entidad abstracta es nuestra fiesta -de los roleros-, una que hacemos prácticamente con nuestras normas y muchas veces sin que la administración comprenda para nada lo que ocurre, y desde luego sin el apoyo de Disney o Coca Cola ni ninguna gran empresa, conservando de esta forma una agradable independencia.

Así que allá voy con algunas experiencias que han sido la hostia de buenas. No tienen ningún orden en particular ni son para nada exhaustivas. Es decir, que me dejaré algunas que fueron muy buenas, porque en este momento no me he acordado.

Me es muy fácil rememorar una partida que jugué en las “Juego y rol en las Vegas”, creo que en la edición de 2014. Era la segunda vez que iba a este espacio, y había organizado por la tarde una partida de muchos jugadores que salió mal por mi puta culpa. Experimenté demasiado, qué voy a decir.

El caso es que después unos jugadores me insistieron en jugar una partida de rol, y monté mi muy querida “El arte de la muerte”. Recuerdo que había una jugadora asidua a vampiro que tomó un papel fundamental, y su comprensión de las cualidades psiscológicas de los pnj fue tan increíble que resultó una experiencia que no olvidaré.

Tengo que añadir que a esto colaboró las increíbles condiciones que estas jornadas permitían. En este caso la partida se jugó en un aula separada, prácticamente insonorizada y con una temperatura excelente.

Sin alejarme demasiado, creo que fue en las LES del mismo año, en 2014 que organicé una partida muy clásica, “La espada de Soid”. ¿Y saben quien se apuntó a jugar? Ni más ni menos que Justo Molina. Para mí es un tipo muy excepcional, así que me puse algo nervioso, pero la alegre disposición con la que despachaba mandoblazos se contagió al resto de la mesa, y no solo yo disfruté como un enano, sino también un jugador novel que dijo una frase que se me ha quedado: “¡Pero si esto es mejor que los videojuegos!”.

Sin moverme de sitio pero sí de año, en las LES de 2015, un año después, organicé la partida más grande que creo que hubiera: doce jugadores en un inmersivo torneo de gladiadores. Me pareció una experiencia descomunal, había gente de la hermandad, gente que no, pero todos eran totalmente comprensivos con las carencias propias de una partida tan grande.

En ambos casos no habría sido posible no solo sin las exitosas jornadas “Ludo Ergo Sum”, sino particularmente al siempre increíble trabajo del muy veterano Meroka, responsable de la sección de rol con el que me llevo estupendamente, y a Daniel H.G, con el que por mi parte tengo muy buena relación.

Un número similar de jugadores se apuntaron a una partida en las jornadas “Tierra de Nadie” de 2015. En este caso era una partida de rol totalmente tradicional, con su docena de jugadores alrededor de una mesa. Esto suelo hacerlo, pero vivirlo en jornadas era arriesgado, ¡y aún así salió increíble! Había de todo, veteranos, novatos, ¡y hasta jugaba Valle! Salió increíblemente bien, y de hecho conservo las notas de esa partida como un recuerdo.

Tengo que decir que las jornadas TdN no me gustan mucho, no por nada en particular sino por su formato de convivencia en el que mi naturaleza independiente no termina de encajar. La partida se organizó de forma clandestina, sin pasar por el permiso o aprobación de la organización, y aún así esta se esforzó en que tuviéramos el material que nos hiciera falta. En este sentido el esfuerzo se personó en Rafa Falopowel, una de las personas que se esfuerzan para que esas jornadas salgan bien año tras año.

Y no podría no mencionar una situación en las siempre increíbles ComarCon, en este caso en las de 2015. Por aquel entonces el local no era muy bueno, y en las partidas de rol había buenas dosis de calor y ruido. No obstante siempre se apuntan jóvenes muy positivos que levantan el humor, y en el caso que recuerdo no fue una excepción, pues uno de los clubes locales se apunto casi al completo, y en la natural complicidad de dicho grupo me hicieron sentir como si yo formara parte del mismo, como si fueses mis amigos de toda la vida.

Nunca podré agradecer bastante a Beladrian y a Sergio estos momentos. Ellos organizan impecablemente este impresionante evento que logra conseguir hitos para mí espectaculares.

Aún así creo que mis mejores experiencias en jornadas son aquellas en las que he conocido a los que más tarde serían miembros de la hermandad. Por ejemplo, en las Jornadas Rúnicas de 2014 conocí a Aker y a Crom, y fue algo simplemente glorioso. De principio a fin. Lástima que no haya habido Rúnicas desde entonces.

Y hablando de Aker, nos volvimos asiduos a las jornadas Kondaira que su club organizaba. En ellas siempre me llevé fenomenal con todos los organizadores, aunque ahora parece ser que han cerrado el club con carácter permanente.

Creo que fue en las de 2015 que llegué por la mañana medio sobado, incapaz de organizar mi propia partida, y fui brutalmente reclutado para jugar una de D&D. Si bien es sabido que no es mi juego preferido, el organizador había montado una apasionante historia de ladrones que se veían obligados a montar un atraco por sus vidas, al estilo de “Ocean´s Twelve”. Las fichas se repartían al azar, y me tocó la que venía a ser una especie de líder natural del grupo con aceptable carisma.

La verdad es que el personaje me resultó interesante, y logré desplegarlo sin convertirme en un pozo de atención. Me lo pasé muy bien, y el máster me dijo que mi aproximación social al problema había sido única hasta el momento. Moló mucho, no la olvidaré nunca.

En algunas jornadas son particularmente tolerantes con las actividades no organizadas, y eso permite que los miembros de la hermandad podamos también jugar entre nosotros. Recuerdo que en las Omicron de 2016 pudimos organizar además de los eventos oficiales, tres partidas privadas en las que, congelados de frío, jugamos la prueba de “La condena del clan Aleirr”. Recuerdo que estaban Aker, Kerian, Favnia, Sigeiror, Crom, Vorvek y yo. Joder, lo que daría por volver a vivirlo.

Esto fue posible gracias a la cooperación de los organizadores, a quienes personifico en este caso en Jokin (el verdadero Jokin) y en Abraham, un buen amigo al que espero ver a no mucho tardar.

Y sin que sea una partida en particular. Recuerdo que una noche de verano en plena Salambina de 2014 me dirigía hacia las duchas cuando pasé por la partida nocturna del organizador principal, Jaime. El muy cabronazo estaba leyendo la introducción de su partida a los jugadores y me puso los pelos de punta. Sentí que en aquel pasillo me transportaba a otro mundo, de verdad.

Son algunas experiencias de las muchas que he vivido, y algunas de las muchas relaciones que he tenido con una gran cantidad de organizadores, la mayoría de los cuales ha sido gente tremendamente colaboradora.

Creo que es una consecuencia fruto de habernos movido mucho, y creo que ha modificado mi vida. Pude haber elegido quedarme en casa y tener un trabajo normal, pero en su lugar soy un autónomo raro y vivo el rol y otras aficiones de forma continuada. Esto ha alterado mi experiencia de una forma que pocos compartirán, y me dota de un punto de vista particular, el mío, mejor o peor, pero sin duda documentado.

Ha habido experiencias de mierda que me han fastidiado, y ha habido experiencia de la hostia que me han alegrado la vida. Pero como digo, nos va bien, y si tuviera que empezar de nuevo haría prácticamente lo mismo.



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