Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Un año sin Terry Pratchett
13-3-2016 12:47
Por Crom

Lo cierto es que ayer quise escribir esto, pero el ambiente no era el más adecuado y mi estado de ánimo oscilaba entre lo lúgubre y lo Timburtoniano de saldo. Razón por la que ahora, más sosegado y bebiendo un buen café creo que saldrá un documento más decente.

Ayer hizo un año de la muerte de Terry Pratchett, noticia que hace hace un año cayó como plomo fundido sobre mi estómago...y que a día de hoy sigue doliendo. Es raro, el pasado año fue uno en el que fallecieron muchos artistas que de un modo u otro me dejaron profundamente triste (Christopher Lee, pero todos sabemos que Drácula no puede morir), pero con la salvedad de Pratchett ningún deceso ha dejado una marca que siga doliendo. Puedo decir sin temor a equivocarme demasiado que al menos otro hermano siento lo mismo.

Y no es para menos.

Recientemente leí el último libro que escribió sobre Mundodisco, el último de un gigantesco continium que abarca más de 40 novelas. Y lo confieso: me reí de forma franca en muchos pasajes y en otros tuve que pararme a pensar para ver que quería decir Pratchett. ¿Era un chiste? ¿No? ¿Solo una descripción más? Agarré A todo vapor con cierto miedo, miedo en que no me fuera a gustar el último libro jamás escrito por un autor tan importante para mí, y miedo a que yo, como lector, no funcionase de manera habitual debido al deceso del mismo. Reírme con chistes con los que normalmente ni esbozaría una sombra de sonrisa, perdonarle uno de esos finales abruptos que de tanto en tanto se sacaba de su sombrero con pato, o tal vez dejar ver la mano de aquellas personas que le ayudaban más de la cuenta. Se puede decir en más de un sentido que me encontraba bajo el hechizo del fantasma de Terry Pratchett. Pero no, pasadas las primeras páginas superé dicho miedo y ahí estaba, tumbado en mi sillón y con mi cerebro a años luz del recuerdo de dicho deceso. Con un "Que puto Pratchett" asomando en mis labios de tanto en tanto junto a una sonora carcajada.

No les mentiré. A todo vapor es un buen libro de Mundodisco, lo que quiere decir que está a millas de distancia de otros libros en cuanto a calidad de refiere y aventajándoles con más chulería que elegancia,pero no es lo que me esperaba del último libro de Mundodisco (último porque Rhianna Pratchett ha dejado bien claro que en cuanto a producción novelesca el asunto está cerrado, cosa que le agradezco). No está escrito como una despedida, pero a veces se siente así y más cuando te vas acercando al final, pero si es un libro actual. A ver que autor tiene los santos cojones-ovarios de meter en su novela de fantasía un tema como el terrorismo y salir airoso porque no ha comprometido ni el estilo, ni la narrativa ni la historia de su obra con ello. A Pratchett esas cosas le salían con tanta naturalidad como a George R. Martin meter un giro de culebrón brasileiro en su Canción de Fuego y Hielo.

Como iba diciendo, no es una despedida y eso es bueno. Sencillamente porque no me imagino a Terry Pratchett escribiendo una novela solo para despedirse, entre risas y lágrimas, de sus lectores. Porque de lo segundo ya nos proveemos nosotros solos, y es en lo primero donde brillaba. Es un libro más, uno divertido y en el que destiló su irónica capacidad crítica como siempre, y por eso está bien. De sentirnos raros (Nota del autor: en el borrador escribí solos y creo que también es correcto) porque se acabó nos ocupamos nosotros, y así no hay que desperdiciar valiosas páginas en ello.

Hay veces que me dicen que soy un exagerado con esta cuestión, que solo era un autor más, que no tiene sentido ponerse así por un artista que ni era tu amigo ni conociste en persona. Pero los sentimientos que tuvo a flor de piel al terminar A todo vapor, como si el tren se perdiese en un crepúsculo que se ríe de mí en el horizonte fueron bien reales. Creo que solo me sentí así al leer el final del Quijote de pequeño, triste...la banalidad de este mundo ha ganado al perder al orangután de los ingenios. Ha pasado un año y creo que a día de hoy, con niños con píe de trinchera y turcos cometiendo genocidio mientras manadas de bobos se alegran de tener a los refugiados en el puto infierno lejos de ellos, él es más necesario que nunca.

Pero ha pasado un año. Un año sin Pratchett.

Un año. Y los que quedan. Todos.


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