Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Un mierdas cualquiera con un anhelo, parte II
21-12-2015 14:05
Por Verion
Ayer me tomé mi tiempo para explicar mi entristecida “renuncia”, en realidad nada muy llamativo ni ostentoso en relación con cómo me voy a tomar el futuro de las publicaciones más belicosas y reivindicativas tras algunos eventos recientes que son claramente consecuencia de las acciones comunes. Hoy voy a continuar ese texto con intención de explicarme a mí mismo. En sí no creo que vaya a ser un texto muy interesante. Quizá solo un 1% del 1% que le interesó la primera parte tenga interés en este asunto, pero yo aprecio mucho a las minorías.

En la primera parte escribí sobre lo que significaba para mí tener un anhelo y cómo afectaba a mi comportamiento. Hoy voy a hablar un poco de este anhelo.

Me es muy difícil saber por donde empezar porque en parte esto es mi vida entera. Quizá un buen momento sería aquel en el que me di cuenta de que ninguna chica de mi instituto querría salir conmigo, o cuando me di cuenta de que el asco que me tenía casi todo el mundo se había transmutado en miedo. Quizá debería empezar por aquel momento en el que conocí a Siul y planteamos el panteón de Espada Negra, a principios de los noventa. Todos esos momentos son importantes para explicar por qué hago las cosas, y a la vez son solo una parte de la historia.

Fue a principios de la década de dos mil cuando cerré el servidor de NWN para Espada Negra. No pedí demasiado permiso a nadie, simplemente lo hice porque me pareció adecuado, y me reuní con el más tarde hermano Sigeiror. Le dije que por mi parte se había acabado el servidor, que yo ya no quería trabajar en obras de terceros que no me convencían. Tenía una novela en la que me iba a sumergir, y proyectaba hacer videojuegos y juegos de rol autónomos. A él le pareció de puta madre, y se unió al proyecto inmediatamente. Yo quería que fuera así, pero no quería obligarlo, así que se puede decir que salió bien. Y nos pusimos manos a la obra. Trabajamos en música, juegos, novela y todos los aspectos creativos que nos parecieron oportunos. Aún queremos recorrer muchos caminos. A Rubén no se le ve mucho, pero ha aportado al menos tanto como yo.

Por aquel entonces no se unía nadie a la carrera de larga distancia que aún recorremos. Más tarde sí se unieron unas cuantas personas, y mucho más tarde muchas más. Cuanto más visible es un proyecto, mejor, eso seguro. Esto que hacemos es de todos.

Si no estuviera haciendo cosas creativas querría estar muerto. No encuentro mucho más esperanzador en la vida, y así como otros han conseguido encontrar paz en establecer una familia, yo no tengo nada. Pero sería egoísta si obrara de esta forma, sería buscar el aprovechamiento personal por encima del bien ajeno. Y en eso entraron los conceptos morales que se aplicaron al proyecto según fue creciendo.

Creo que las personas debemos aportar a la sociedad. Creo que personalmente tengo unos recursos vitales con los que puedo aportar algo. Quizá podría hacerme político, no lo sé, pero no me gusta cómo es la política, y siempre creí que podía aportar mucho más como creador que como gestor.

Creo que una sociedad informada es una sociedad educada, y por lo tanto creo que una sociedad que puede acceder al conocimiento con libertad puede tomar mejores decisiones. Esto se aplica tanto a todo el conocimiento no únicamente a las ciencias o a la enseñanza, sino también al arte.

De hecho soy de la opinión de que las obras de gran acceso son determinantes en el devenir de una cultura. Me refiero al cine, las series de televisión, las grandes novelas, y por supuesto, los videojuegos. El ocio alternativo de los juegos de rol también es una parte de todo ello.

Espero que nadie me malinterprete. No me creo imbuido por un mensaje divino, ni nada así, pero sí creo que tengo algo que decir, y en tanto que alguien quiera cooperar con ese mensaje, me sentiré autorizado a seguir difundiéndolo, así que obviamente hoy en día me siento mucho más arropado que hace unos años.

El mundo de Espada Negra es este mensaje. Lo que nos dice es que en un mundo en el que las personas no están informadas, son inconscientes de su propio poder y aceptan el liderazgo de los poderosos, quienes instituidos en sus posiciones y afianzados por la creencia de que el éxito o la herencia les da la superioridad, abusan del resto con total impunidad. ¡Levantaos y luchad contra los regimenes que os oprimen, dormenios! ¡Tenéis mucho más poder que las clases que os gobiernan!

Pero para transmitir este mensaje no vale cualquier cosa. En mi opinión todo el entorno creativo está muy contaminado por los conceptos de una narrativa en la que los actos no tienen consecuencias, en el que no es necesario entrenar para ser bueno, en el que la violencia está idealizada. Para mí esto es una forma de ocio dirigista, un parque de atracciones en el que el vagón va por unos carriles muy concretos con espectáculos luminosos a los lados, para que luego nos bajemos y paguemos la siguiente atracción. Todo es pulp, y para el mensaje que queríamos transmitir no sirven herramientas pulp.

En el caso de las novelas no hace falta en sí demasiadas herramientas, aunque algunas hay, solamente el deseo de salirse de las corrientes tradicionales, y seguir esas pocas herramientas para dar lugar a lo que ahora se conoce como Grim Dark, aunque en verdad yo dudo de que el género esté, por decirlo de alguna forma, bien instituido.

En el caso de los videojuegos y juegos de rol las herramientas son más explícitas y se deben desarrollar con igual cuidado y amor, pero sin duda muchísima más objetividad. Hace falta un armamento lógico, una matemática subyacente poderosa que nos garantice que lo que desarrollamos funciona como sentimos. Y no me estoy refiriendo a sacar la probabilidad de tres dados de seis frente a la de dos dados de diez: eso es trivial. Estoy hablando de que los hechos funcionales respondan a una intencionalidad y creen en sí mismos una percepción que apoyada en la narrativa tradicional (tradicional como en el old school y tradicional como en los juegos indie, ojo) de lugar a unas emociones concretas. Lograr esto es difícil, pero lograr que tenga un entorno fácil de manejar es aún más difícil.

Si fuera una persona nostálgica miraría hacia atrás y sentiría algo de pena por los cuatro sistemas de Espada Negra que no serán publicados. Creo que al menos dos de ellos serían muy adecuados para gran cantidad de jugadores, y en cierta medida seguramente serían más exitosos pues planteaban una diversión más inocente y sencilla, y mucho más pulp. Pero la verdad es que no soy una persona nostálgica en esos términos.

No somos una empresa porque nuestro objetivo es la expansión moral y artística. Por eso sacamos el juego de rol mucho antes de explorar otros sectores, porque queríamos convencer a los jugadores con armas limpias del posible éxito que se pudiera alcanzar en el mucho más masivo mundo de los videojuegos. Aunque quizá no obtengamos nada, quién sabe.

Así que, ¿tuvimos éxito en acercarnos a este anhelo? Sí y no. Como digo, la mecánica funcional ha resultado incluso mejor de lo que yo hubiera deseado en mi vida, y no porque el juego sea atractivo y divertido, que lo es, sino porque personas con las que no hemos jugado nunca han descubierto el juego hardcore. Y lo digo de verdad, yo siempre creí que Espada Negra se jugaría “como cada cual quisiera”. Descubrir que hace llegar el juego objetivo deja un sabor nuevo e inesperado.

Y con esto yo me siento más cerca del cumplimiento del anhelo. Creo que es valioso haber hecho llegar un mensaje creativo que estaba ausente hasta el momento, aunque sea a dos personas. Mucho más valioso que alzarse con los podios del juego más pulp, por decir algo. Y la verdad es que no tengo ni idea de cuanto se juega a otros juegos, porque los únicos que compartimos esta información somos nosotros. ¡Vaya!

No quisiera concluir este texto sin mencionar que otra parte del mensaje es la propia intrascendencia del individuo. Muchas personas en el rol (y en todas partes) tienen un ego impresionante, y por extensión u otros motivos piensan que yo como individuo tengo un gran ego. Pero mi nombre no está en ningún lado, no hincho el pecho en lugares de internet en los que brille lo que haya hecho en el pasado. Me da igual, porque lo importante en sí es el mensaje, la obra. ¿El autor? Ya es ceniza.

Y esto me lleva a “lo que fue mal”. Pero esto es algo también denso que intentaré explorar en la tercera parte de esta pequeña despedida mía.


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