Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Millennials y ofendiditos
6-3-2018 11:08
Por Verion
Sin duda debo comenzar este artículo señalando que odio las etiquetas, y por lo tanto no creo que los millennials o milenials existan en absoluto, sino que cada individuo será una persona única que desplegará su personalidad en el entorno de una cultura global. Por lo tanto el título no hace referencia a algo que yo diga, sino algo que yo leo en muchas ocasiones en redes sociales y comentarios de páginas web.

De hecho yo ni siquiera tengo en absoluto claro a qué se refiere ese término, y tras intentar documentarme he quedado persuadido de que diferentes personas lo utilizan de formas extremadamente variadas: en algunas partes se refieren a las personas nacidas en los ochenta, mientras que en otras se acercan más a los noventa. No obstante sí que se suelen citar unos cuantos paradigmas diferenciadores: el uso intuitivo y adaptable de las tecnologías y la tardanza para entrar en la edad adulta.

Cito sobre todo esta última porque es por la que muchas veces he visto comenzar críticas incendiarias en los citados grupos y comentarios de redes sociales. En este sentido lo que se produce por parte de los supuestos veteranos es una crítica dura contra estas personas que, por ejemplo, tienen una sensibilidad elevada y, desde este punto de vista, se ofenden con facilidad.

De partida yo no creo que esto se produzca -no creo en las etiquetas, ya lo saben-, pero incluso aunque esa actitud fuera representativa de una mayoría real, creo que se está entendiendo de una forma errónea. De hecho en mi experiencia estas personas jóvenes son muy luchadoras y realizan grandes aportes en defensa de colectivos tradicionalmente perjudicados, y en este sentido observo una lucha muy concienzuda por los derechos de mujeres, homosexuales, transexuales y otros colectivos que han recibido muy mal trato por la historia.

Si se da el caso de que un colectivo ha desarrollado una sensibilidad tal que pueden empatizar fácilmente con esta situación y defenderla pese a no formar parte de su colectivo, entonces estas personas tienen mi aplauso por encabezar una lucha que no tiene por qué producirles un beneficio directo.

A mí me han llamado milenial y ofendidito, así en plan peyorativo, cuando he hecho un vídeo señalando el machismo subyacente en ciertas situaciones. La triste realidad es que yo me he criado en un pueblo cualquiera de España en el que el machismo y la homofobia eran impuestos por las bandas de skin heads locales, y en el que la única forma de sobrevivir consistía en pegar más duro y tener peor fama que sus integrantes. Yo me metí muy joven en un gimnasio y aprendí a defenderme. Incluso pocos años más tarde mentí sobre mi edad para poder trabajar en seguridad de locales de ocio nocturno, así que resultará comprensible que me genere hilaridad cuando me hacen entender que me mantuve un tiempo alargado en un estado de minoría de edad.

Con esto quiero decir que en realidad yo debería tener una tendencia más afín a la de este tipo de sujetos de pensamiento conservador que se sienten amenazados ante los fanifiestos feministas o que buscan el bienestar de las personas trans porque, de existir esas etiquetas, yo creo que me crié más como ellos. Ahora bien, tengo que decir que en ciertas ocasiones no soy la persona más serena del mundo, porque de hecho me encantaría darme de hostias en igualdad de condiciones con estos sujetos, al estilo de un buen duelo tradicional o de esas duras peleas que viví en mi instituto y en la puerta de la discoteca.

Yo juego al rol con personas muy variadas, representativas quizá solo de sí mismas, pero a veces ejemplos evidentes de la injusticia social, evidenciada por sus propios relatos vitales. Pero ojo, no son estos relatos los que me convencen de que su lucha está justificada, no es ahí a donde quiero llegar, lo que quiero decir es que me encanta cuando estoy jugando al rol con personas jóvenes y me hacen entender su visión del mundo moderno. Y mucho ojo, que esto no significa que estos jóvenes sean los únicos que aportan algo, pues mientras tanto, yo, como máster traslado también mis propias experiencias vitales y les hago entender otras perspectivas, como por ejemplo, que si quieren adelantar a este viejo guerrero van a tener que correr mucho.

Pero desde luego si hay alguien a quien siento cerca en esa carrera es a esos jóvenes llenos de vitalidad, y no a esas personas hipercríticas con su actitud, que más bien parecen sentados en polvorientas habitaciones llenas de manuales no usados desde años atrás, muy lejos de cualquier mesa de juego o actividad social. Creo que esos viejos ya están osificados, y lo más triste es que apenas han pasado los cuarenta años, o ni siquiera han entrado.

En este punto del artículo voy a pasar a la segunda parte, el asunto de los ofendiditos, no sin antes citar a Sócrates y Platón, respectivamente.

Quote:
"Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros."


Quote:
¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios enlas calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?


Con estas menciones quiero señalar, por enésima vez en este blog, que no nadie es miembro de una generación bendita ni nada así, y que el sesgo cognitivo puede conducirnos por caminos ciertamente perniciosos en los que nos asentemos en actitudes dañinas que a largo plazo solo nos generen aislamiento.

He visto muchísimas ocasiones en las que se reclama un derecho o se señala una carencia social, y este tipo de individuos llaman “ofendidito” o “feminazi” a quien ha señalado la cuestión.

No puedo sino partir de la reflexión de que incluir a una persona en un colectivo de forma despectiva es en sí mismo una falacia que indica que los argumentos que van a venir después no van a tener mucha calidad, pero en realidad este no es el meollo de la cuestión.

Si por ejemplo escucho decir a continuación que “el feminismo no pretende la igualdad porque empieza por femenino” siento mucha contrariedad, no por la carencia de rigor histórico, sino por la justificación de una posición enconada. Si se habla de que ese colectivo está exagerando o está tratando de imponer tal o cual cosa, entonces ya sí que me siento extremadamente contrariado.

Si yo observo a un colectivo para el que los indicios estadísticos señalan claramente que está en una situación de desventaja, no puedo sino apoyar las medidas que les garanticen recursos para romper esa perniciosa tendencia social, aunque yo no forme parte de dichos colectivos.

Voy más lejos aún, si observo una tendencia filosófica, política, creativa o cultural que manifiesta una gran oposición a la tendencia establecida, tiendo a pensar que no hay que ponerle en absoluto la zancadilla porque supone un punto de equilibrio con las citadas fuerzas. Es decir, que incluso desde la oposición puedo llegar a apoyar personalmente.

Entonces yo me pregunto, ¿cómo es posible que blancos heterosexuales de cuarenta años se sientan amenazados por posiciones relativas a colectivos perjudicados? Yo creo que el concepto de la amenaza y del miedo es clave, así que observando esto, señalo a un par de posibles causas.

En primer lugar puede deberse a que, a pesar de que los blancos heterosexuales adultos son el colectivo más bien tratado, no todos sus integrantes están en buena situación. Por lo tanto, estos que tanto escriben en redes sociales y comentarios podrían ser, en realidad, partes perjudicadas del sistema que por cualquier factor están en una situación de pobreza, debilidad o exclusión social.

Evidentemente puede haber otros factores, como simplemente la incultura que es la madre de muchísimos sesgos y de la que no creo que haya que escribir demasiado.

Pero incluso tenemos muy cerca ejemplos en los que no hace falta ni siquiera eso, como en la esclavitud americana o el racismo posterior. Esto nos dice que personas perfectamente formadas podían mantenerse en dicho estado racismo, lo que en este caso nos puede llevar simplemente a pensar en una conveniencia directamente malvada que busca mantener sus privilegios en la justificación de que su sentimiento de opresión.

Entonces, cuando alguien escribe o publica un vídeo señalando lo machista u homófobo que le parece algo, una colección de personas señalan que es un “ofendidito”, y he aquí uno de los meollos, están haciendo lo que critican: ofenderse. Insisto que para mí esto es fundamental.

En honor a la verdad a mí me parece bien que cada uno diga lo que tenga que decir, así todos sabemos de qué palo va cada uno, pero las cosas me disgustan más cuando se habla de censura, porque ese tipo de comentarios ridiculizantes muchas veces van acompañados de una razonamiento -falaz, claro- que señala que esas personas deberían callarse.

Bueno, en mi opinión ninguna expresión debe censurarse, ni siquiera aquellas que piden la censura -aay-, pero desde luego también creo que los que buscan conseguir derechos e igualdad deben seguir manifestándose por palabra y acción hasta que los hayan conseguido.

Y por el momento me voy a despedir, no porque no quiera seguir ahondando en el asunto, sino porque el artículo ya es bastante largo. No obstante aporto la ilustración de la conveniencia, supongo que estará claro por qué.




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