Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Esos actores depredadores sexuales...
17-1-2018 12:31
Por Verion
El otro día estuve viendo “American beauty”. Se trata de una película que siempre me ha parecido interesante porque critica una serie de puntos de la sociedad occidental de una forma muy directa, y si bien hay otros aspectos del mensaje que no me gustan tanto, siempre he encontrado algo rompedor en su conjunto.

Pero hoy en día es de dominio público que Kevin Spacey es un acosador sexual que se aprovechaba de los actores que querían hacerse un lugar en el cine, algo como lo que aparece en L.A. Confidential y que ahora me resulta tan sospechoso y llamativo.

El caso es que este escándalo no pertenece solo a este talentoso actor, sino que por lo visto es una costumbre fuertemente establecida que de repente todo el mundo empieza a señalar. Eso es un poco efecto… ¿lata de gusanos?

Yo creo que en realidad es algo que ya se sabía. Quiero decir, esto de que toda esa panda de ricachones autojustificados emplearan su dinero para esclavizar a los demás, y no porque la ética humana sea así (ehem), sino porque había mensajitos de ello por todas partes.

Pero al hacerse evidente, todo el mundo ha tenido que pensar un poco en ello. Ya no es como antes, que simplemente estaba ahí como un hecho oculto, sino que ahora cuando vemos a Kevin Spacey en una película, tenemos que lidiar con el hecho de que es (o ha sido, ahora ya le va a costar…) un depredador sexual.

Ahora hay compañías que están dando la espalda a estos sujetos. Las compañías temen por su dinero, y tienen que cuidar de lo que la opinión pública piensa de ello, así que hacen esos movimientos para cuidarse las espaldas… porque cuesta creer que no lo supieran ya. Y ese es parte del asunto, todo está bien mientras no se diga en voz alta.

Ahora empieza a haber artículos de todo tipo al respecto. Desde los absolutamente indignados de “voy a romper mis DVD, no vuelvo a ver una peli suya” (es mentira, las volverás a ver), a los filosóficos de “yo entiendo que la obra es diferente del autor” (¿y la responsabilidad qué?) a los absolutamente dubitativos de “me escribo un artículo de diez mil palabras y sigo igual que al principio” (no, yo no voy a llegar a diez mil). De alguna forma todo el mundo tiene que opinar o manifestar su falta de opinión.

Y claro, también me ha apetecido hacerlo a mí.

Por una parte creo que es importante tener en cuenta que estos seres tienen derecho a ser juzgados por un órgano competente, porque el pueblo tiene mucha tendencia a descontextualizar los hechos y convertir un robo de una gallina en algo más importante que un asesinato. Pero claro, por otro lado los órganos de justicia están tan comprados e influidos como todo lo demás, y solo son accesibles para los pudientes, así que por otra parte me cuesta mucho criticar los citados juicios populares, por rudos y parciales que sean.

Por otra parte yo creo que es más que trascendente tener en cuenta que no se debe para nada culpar a los denunciantes de estas actitudes. Creo que en sí mismo es algo muy triste, porque probablemente estén en una situación de inferioridad, y esta ocasión sea la única que tengan de obtener cierto resarcimiento por lo ocurrido. En este sentido, mensajes como “sabían donde se metían”, “podían haber denunciado antes” y cosas de este estilo me parecen absurdos. Claro que cada cual puede opinar lo que quiera, yo no voy a censurar a nadie, simplemente me parece muy canalla.

En tercer lugar me parece más que oportuno tener en cuenta que una obra de este tipo tiene una ingente cantidad de personas detrás, que no únicamente depende de un actor o incluso un director que ha podido cometer ciertos atentados contra otras personas, por lo que en el momento que decidimos tomar una decisión moral de “no consumo” podemos estar afectando con ella a más personas de las que pensamos.

Pero por otra parte, también es cierto que estos profesionales trabajan a sueldo, y si finalmente consiguiéramos derribar a estos depredadores, su lugar sería ocupado por otros creadores que podrían obrar decentemente contratando a esos citados profesionales.

También me parece oportuno señalar que las personas somos entes complejos que estamos sometidos a diferentes paradigmas a lo largo de nuestras vidas. Desde este punto de vista cuando creamos somos una persona, y cuando educamos a nuestros hijos podemos ser personas completamente diferentes, por decir algo. Incluso las inclinaciones más maravillosas y perversas están sometidas al paso del tiempo en el que alguien puede aprender o desaprender (o quedarse igual, también).

También creo que es importante tener en cuenta quién está esperando a que derroquemos a ese gigante para ocupar su lugar. Es decir, que si el acto en cuestión no es tanto algo individual como algo sistémico, tanto dará si nos ofendemos y simplemente dejamos que el lugar sea ocupado por alguien igual pero más cuidadoso al que de hecho sea más difícil de pillar. En este caso habría sido mejor dejar al villano original con el que todo el mundo está ya en guardia. O no, vaya.

Pero ya veo las críticas de los lectores: Verion, pronúnciate de una vez, que no has parado de soltar “por una parte” y “por otra parte” desde el principio del artículo. Pero vamos, tengo derecho porque es mi artículo.

En mi opinión, hay que ver el asunto desde una perspectiva mucho más amplia. Parece como muy obvio que hay que alejar a Kevin Spacey de los actores jóvenes, pero como se ha visto yo no tengo claro que esto sirva de demasiado, en primer lugar porque ese señor es rico, y en segundo lugar porque forma parte de un mal sistémico mucho más amplio, de esa extraña maraña de consumo y destellos informativos puntuales. Si queremos que estas cosas no ocurran, tenemos que ir a las causas comunes y erradicarlas.

No existen formas de control que garantizan que las empresas no realizan este tipo de abusos, porque no existen herramientas que los trabajadores puedan utilizar: aunque las hubiera, si no quisieran pasar por el aro, habrá otros que sí querrán. Si alguien se atreve a denunciar en solitario, probablemente se tenga que joder ahogado en un sistema legal pensado para satisfacer a las élites adineradas.

Así que yo ya estaba bastante seguro de que hacían estas canalladas. No Kevin Spacey en concreto, sino una gran cantidad de personas importantes del sector. Lo sé porque no soy tan ingenuo de pensar que las personas con dinero son buenas personas, porque eso exigiría una disciplina que el ser humano solo ejerce sobre sí mismo mientras es pobre... y porque no tiene más remedio. Así que hace mucho tiempo que tomé la decisión de no beneficiar a toda esa suerte de canallas. Los medios para hacerlo están a disposición de todo el mundo, creo que no hace falta que los señale.

Pero no querría cerrar el artículo sin señalar algo más, y es que en realidad este escándalo pasará casi sin pena ni gloria como un destello informativo más. O sea, está claro que a algunos actores se les va a acabar el chollaco, pero son cuatro viejos a punto de jubilarse y que la semana que viene estarán pescando en Oregón (*). El mal sistémico seguirá ahí, y en general no habrá pasado nada.

Creo que si lo miramos desde una perspectiva amplia no nos queda más remedio que aceptar que somos seres egoístas a los que se la bufa lo que le pasa a los demás. Este asunto de los depredadores sexuales ha tenido el poder de ponernos muy… bueno, la polla en la boca, y que tengamos que sentir todos que tiene un olor, palpita y todo eso. Ahora hay gente que se siente sucia al ver tal y cual película… pero se lo sintieron antes con las de Wooddy Allen, y también se sintieron sucios un tiempo al comprender que su teléfono móvil está hecho con mano de obra esclava.

Y lo peor es que esto está en todas partes. Yo personalmente, como proveedor de servicios lo he visto (e incluso vivido) en cantidad de empresas que no son mejores ni peores que la mayor parte de las que usamos hoy en día casi todos. Abusos constantes y variados sobre toda suerte de trabajadores que ven cómo sus querencias vitales se ven frustradas sin que puedan hacer otra cosa que vivir con su rencor y obrar, finalmente, como la sociedad espera de ellos.

Cuando toda su escasa voluntad por reivindicar un mundo justo haya desaparecido, lo aceptarán de forma subconsciente. Regresarán al hogar tras un duro día de trabajo y verán en una película a un actor que tuvo que prostituirse para obtener su papel, y mandarán una foto en un móvil construido con sangre a una red social perpetrada para restringir el pensamiento crítico. Quizá después, cuando toda la familia se haya ido a dormir, se sienten al ordenador un rato y se compren un juego de rol.


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