Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Arquetipos en la literatura, ¿por qué escribimos?
17-3-2016 11:36
Por Verion
Quiero compartir con los lectores del blog algunos pensamientos en relación con la forma en la que se manifiesta la actividad creativa en el mundo de la novela, y su relación con la crítica y las expectativas que terceras personas crean mediante otras manifestaciones de la opinión. Quizá sea aplicable a otros entornos creativos, aunque no estoy seguro de ello.

Estos pensamientos me han surgido a lo largo de los años mediante la observación de los miles de consejos que se producen en docenas de blogs que compiten entre sí para ser la mejor referencia de literatura para aquellos que quieran recorrer el camino del escritor. No se engañen, amigos lectores, muchas veces esta es una “pose” muy trabajada que viene provocada por la peculiar naturaleza de los motores de búsqueda. Es decir, que muchas veces estos textos no vienen motivados por el genuino deseo de ayudar, sino de vender sus propios libros. Esta forma de obrar a mí no me gusta nada, pero también entiendo que es “la forma” mediante la cual un escritor recién llegado sin poderes editoriales puede hacerse un hueco.

La cuestión es que en estos trabajados artículos que desgranan las formas en las que un escritor tiene que alcanzar el éxito (en muchas ocasiones el que ellos no han alcanzado) podemos encontrarnos variados consejos que recorren buena parte del espectro de cuestiones que estos divulgadores entienden que son impotantes.

Existen, por ejemplo, una buena cantidad de artículos sobre cómo evitar los estereotipos o arquetipos. Existen estereotipos de todo tipo en la literatura: sobre el desarrollo de la trama, sobre las muertes intencionadas de secundarios, sobre los “malos”, sobre las relaciones de pareja… se diría que existen tantos como en la vida real. Uno de estos estereotipos más famosos son las “Mary Sue”, y su equivalente en masculino, “Gary Stu”. Yo me referiré a ellos por el primer término.

Para entendernos rápidamente, uno de estos personajes es un hiper prota. Alguien magnífico e increíble que casi parece un reflejo perfecto de su artífice, sin ningún defecto, al que le sale todo bien, preferentemente marcado por el destino o superpoderes.

Se diría que existe un acuerdo unánime en el mundo de los blogs de literatura en el que un “Mary Sue” es un personaje bastante malo, y que tiende a arrastrar toda la historia con ellos, dado que con tanto poder y “magnifiquismo”… pues como para no centrar la atención, ¿no?


Y mucho ojo, que este concepto de personaje no solo aparece en la literatura, y estoy seguro de que en otras corrientes creativas más accesibles hay una ingente cantidad de ejemplos. Pero aún más, incluso en obras que son consideradas de gran calidad nos encontraremos personajes que entran en esta categoría. Entonces, ¿evitarlos no es una forma de evitar la pérdida de calidad? ¿O acaso da igual?

En mi opinión un gran problema de todo esto es que el margen en el que un personaje es “Mary Sue” es amplio y su frontera no está bien definida. A alguien le parecerá aceptable Jon Snow, pero desde luego a mí me parece un “Gary Stu”, y aunque me parece que degrada un poco el mundo a su alrededor, tampoco creo que la obra en sí sea por ello nefasta. En este subjetivismo nos vamos a encontrar grandes problemas porque nunca habrá un acuerdo, y dependerá mucho de los factores mentales, sociales y culturales de cada uno que una historia y sus participantes resulten naturales, y de esto no creo que se salven ni los escritores más instaurados y reconocidos del mundo.

Quizá el lector se pregunte en este momento si estoy a favor o en contra de los “Mary Sue” del mundo, o en general de los arquetipos en personajes e historias, ya que me he pasado el artículo bailando entre el sí y el no. Pues la realidad es que me da igual. Creo que pueden estar bien y aportar a algunas personas, incluido al autor.

Porque, y aquí viene el tema principal del artículo. ¿Para qué escribimos? ¿Es para satisfacer a la crítica?, ¿o lo que queremos es llegar a la mayor cantidad de lectores?, ¿o conseguir el máximo de dinero posible?, ¿o hacernos famosos?

Si es cualquiera de estos, sin duda tendremos que estar atentos a qué es lo que quiere el ente al que queremos agradar, y ofrecérselo. En este sentido quizá queramos evitar la aparición de “Mary Sue”… o a lo mejor todo lo contrario. Si queremos agradar a la crítica, visto lo visto mejor obrar así, pero también hay personas a las que les gusta leer de personajes de estos, porque hay escritores famosos que los incluyen.

Pero si por el contrario no escribimos para agradar a los demás, sino que lo que hacemos es seguir un impulso interior que nos inclina a manifestar alguna cualidad de nuestra naturaleza humana, entonces no creo que debamos estar pensando tanto en si el personaje es o no un arquetipo, sino simplemente escribir lo que queremos.

En todo esto tengo una sensación de que por una parte hay mucho creador que no tiene una idea que contar, sino que sabe que quiere contar algo por los efectos de haberlo contado, y entonces se tiene que sentar y pensar en qué quiere contar, lo cual no es un impulso creativo. Por supuesto no pretendo hacer de menos a nadie, y el que se sienta en estas circunstancias sin duda puede meditar mucho (introspectivamente) y encontrar algo que decir, pero sí creo que ese sería el primer paso, y no construir algo a medida de la sociedad.

También creo que entre aquellos que ya tienen un impulso creativo hay un deseo demasiado grande por agradar. Quiero decir, ¿y qué si nuestro personaje es un “Mary Sue” de la vida, si es el que nosotros queremos que sea? Pues lo contamos, y ya está. Si nos pasamos el tiempo leyendo artículos de forma temerosa pensando en si habremos caído en un estereotipo acabaremos por desnaturalizar nuestra obra. Recordemos que la definición de estos arquetipos no está escrita en piedra y es bastante subjetiva.

Pero es que incluso creo que podemos hacer algo muy interesante basándonos en arquetipos. No solo cosas bastante originales, sino que incluso transmitan nuestras inquietudes naturales. Tomemos este ejemplo del artículo. Tenemos un “Mary Sue” que incluso realizamos como tal con conocimiento de causa: es súper guay, está marcado por poderes sobrenaturales o por nacimiento, y el mundo gira a su alrededor. Pues a mí se me ocurren algunas ideas que pueden ser interesantes:
  • El estado privilegiado del personaje es un punto de partida de cuya cómoda ingenuidad el personaje tiene que despertar para enfrentarse al mundo real.
  • El personaje no es que esté, sino que ha desaparecido, y el resto de personajes no tan increíbles afrontan las dificultades que él superaría fácilmente.
  • El personaje toma una serie de decisiones incorrectas que lo colocan en la fina línea que separa lo correcto de lo incorrecto para el resto de personajes. ¿Qué decisiones tomarán?
Son tres ejemplos puestos a vuelapluma, y quizá en sí mismos sean un arquetipo, lo fuesen en el pasado o lo fueren en el futuro, porque el momento en el que se hacen las cosas también es, a fin de cuentas, una parte de la originalidad.

Yo creo que en este sentido el autor no debería preocuparse tanto por no dar lugar arquetipos (quizá nosotros mismos seamos reducibles a arquetipos), sino a contar su historia de una forma personal siguiendo sus impulsos naturales. Creo que si se desarrolla con cuidado y mimo esta forma de avanzar, tendremos una obra personal y bien querida por nosotros mismos, y en nuestro compromiso con el hecho en sí mismo nadie nos podrá decir nada.


¿Es Tadeok un Gary Stu? Pues me da igual...


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