Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Debates de la hermandad
5-6-2015 00:16
Por Verion
En la actualidad la hermandad ha superado los viente miembros a un ritmo lento pero muy cuidadoso. Nos tomamos muy en serio este proceso de inclusión de nuevos hermanos, pero creo que el resultado es muy positivo porque somos un colectivo que respeta de una forma muy satisfactoria las diferencias de opinión de los otros hermanos.

Creo que esto es un efecto importante de una organización en la que los individuos se preocupan por la situación del colectivo por encima del beneficio individual en la materia en cuestión. Como digo, esto es muy importante porque además de haber ilusión y buena voluntad por crear, también se percibe una buena atención a las necesidades de los demás, y se produce un debate en un clima adecuado.

Los miembros de la hermandad somos muy diferentes entre nosotros. Es posible que algunos de los lectores tengan asociada la imagen de este colectivo a los elementos más visibles en las redes sociales. Pienso en Javi Solo, David Gutierrez, o yo mismo... y creo que es un error.

Ya incluso nombrando a estos tres individuos se puede apreciar una notable diferencia de personalidad, de criterios y de estilo. Evidentemente no hay una norma con respecto a como nos tenemos que comportar (faltaría más), y cada cual ha expresado su opinión cuando le ha parecido oportuno en las materias que ha querido. Quizá yo haya sido el más extremo dado que he acabado peleándome con muchas personas en internet. Y en persona también.

Los “flames” no suelen ser una buena cosa. Son malos para todos los participantes, que solemos acabar en un estado de nervios muy alterado, o por lo menos a mí (que tengo sangre en las venas) sí me ocurre. Son malos para quien atiende a ellos, porque podría estar viendo un asunto mucho más interesante, como un calmado debate, y sobre todo son malos para quien esté trabajando y luchando por dar visibilidad a un proyecto, porque los flames acaparan la atención. No dejan trabajar.

En este asunto ya opinamos y nos comportamos de una forma muy diferente dentro de la hermandad. Hay quien se mete a saco (yo mismo), hay que se los lee y pasa, hay quien se los lee y le desagradan, hay quien le está comiendo la ira por dentro... hasta hay hermanos que no se enteran de que está ocurriendo y siguen a sus asuntos. El que se crea que esto es un concierto con su director de orquesta se equivoca, y el que se piense que mi actitud es la posición de todos los miembros de la hermandad se equivoca varias veces.

Por ejemplo, si bien yo creo que un “flame” no suele ser una buena cosa, también creo que dejar pasar ciertas actitudes sin responder es aún peor. Me refiero a las semillas de opinión que cuidadosamente son sembradas en momentos muy concretos y que, si no se arrancan de la tierra, germinan y dan lugar a corrientes de actuación con raíces muy profundas que ya se van a quedar ahí para siempre.

Supongo que un hombre virtuoso, un hombre que no fuera como yo, encontraría un inteligente y sensato camino del medio que no dejara crecer las semillas de lo intolerable sin entrar en dolorosas discusiones que acabaran encabronando a todas las partes.

Como he dicho, no todos los miembros de la hermandad comparten mi forma de actuar. Supongo que si así fuera los “flame” serían algo más masivos, con más de veinte hermanos manifestando su opinión.

Es en la inmensidad de esas diferencias en donde se encuentra la capacidad de un grupo para adaptarse a circunstancias muy diferentes. Y dado que lo que nos une son unos principios sobre los que cabe mucho debate, surge una amplitud de miras que da lugar a una permanente revisión, y por lo tanto a cuestionarnos a nosotros mismos desde perspectivas que de otra forma no íbamos a afrontar.

Vuelvo sobre el inicio del artículo al decir que, precisamente por estos principios, estos debates se producen en un clima de respeto muy apreciable. No se parece mucho a una discusión por internet, porque las intenciones de entender el asunto que se trata no solo se dan por supuestas, sino que se perciben en el ambiente.

Creo que un ejemplo de esto es el cuarto apéndice del juego de rol, las seis páginas en las que cada uno de nosotros expresamos nuestra opinión y sentimientos con respecto a esta obra, y en las que se puede comprobar la variedad de expectativas y puntos de vista en este asunto.

Uno de los motivos por los que es genial hacer todo esto es por ver crecer la hermandad, y tratar con personas estupendas con las que se comparten principios básicos. Sé que lentamente incorporaremos más miembros a la hermandad. Estoy deseando conocerlos.


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