Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Me tienen engañado
3-10-2017 11:58
Por Verion
Ocurrió hace cierto tiempo que yo acudí involuntariamente a la educación básica en un centro público en un pueblo cercano. No ha pasado tanto tiempo como pueda parecer desde entonces, pero la sociedad ha cambiado algo, cosa que normalmente es complicado de demostrar.

El ejemplo que hoy traigo a los lectores del blog es uno que sí viene a expresar esos cambios porque tiene una expresión muy sensible. Para ello tengo que señalarles que en aquella época el colegio en cuestión abrió un comedor interno que era muy práctico para los padres de los niños, uno de esos en los que la comida de rancho de mala calidad se servía en bandejas metálicas. Para celebrar este acontecimiento, a los alumnos se nos incitó a adornarlos con carteles que incluyeran dichos populares.

Yo no demostré ningún interés por este certamen –en general estaba desmotivado con el sistema-, pero los que lo hicieron no eran tampoco muy expertos en refranes, así que lo normal, creo, fue preguntar a los padres. Y así surgieron todo tipo de decoraciones infantiles supuestamente bienintencionadas, entre las que se cuenta la que hace que recuerde este evento.

Quote:
La mujer y la sartén en la cocina están bien.


Así, tal cual. Bueno, los tiempos habían avanzado lo bastante como para que algún progenitor escuchara este asunto y levantara una queja al director de la escuela, quien, sin compartir esta crítica quería evitar problemas, así que optó por retirar el cartel. Y en realidad aquí empezó el asunto de verdad, porque en realidad la gran mayoría de los profesores del centro eran muy conservadores y les molestó mucho la decisión del director.

Como digo, yo por aquel entonces era muy joven, pero ya era bastante crítico en general, pero también era muy inseguro, así que guardaba mi opinión para mí mismo. Recuerdo particularmente a una maestra insistir mucho en que aquel cartel no tenía en absoluto nada de machista, y lo defendió durante largo rato, muy indignada. A mí me parecía bastante machista, pero no le dije nada porque me imaginaba que eso me daría problemas.

A fecha de hoy tengo la sensación de que el colectivo autofermentado de profesores carcas creaba un ambiente conjunto de autojustificación y normalidad bastante lejano a la realidad. Creo que en la actualidad todos tenemos claro que el papel de “la mujer” no es el de estar en la cocina preparando la comida para que cuando llegue el hombre de trabajar pueda relajarse.

Bueno, supongo que el que piensa así en realidad tiende a estar más bien calladito porque sabe que si expresa opiniones en los que un género es superior al otro le van a caer muchas críticas, lo cuál es interesante en sí mismo porque habla mucho de qué tipo de personas ceden ante la presión social, pero el caso es que ese tipo de manifestaciones hoy son casi impensables, o por lo menos en un centro de enseñanza pública.

Bueno, seguro que aún ocurren cosas de este estilo, pero el asunto focal para el artículo es que por aquel entonces había muchas personas que no veían ningún machismo en ello, y eso sí que es interesante porque desde mi punto de vista habla del posible progreso del pensamiento.

Me cuesta pensar con optimismo en este sentido, pero intentaré hacerlo: en el último cuarto del siglo veinte era razonable pensar y expresar que la mujer no daba para más que para quedarse en la cocina y hacer las tareas del hogar, pero treinta años después parece que hemos entendido que es una burrada, lo cuál me parece un poco lento porque… bueno, son muchos miles de años para entenderlo.

Evidentemente este indicio no es más que uno muy concreto de que algo se avanza. Creo que hoy en día ya no es necesario esconder los dados para que no te los requisen -cosa que me ocurrió-, ni el profesor te baja las notas por jugar a Magic -me ocurrió también-, ni te prohíben escribir relatos sobre enanos -también hechos reales-. Son solo ejemplos muy particulares, en verdad conocí muchos más graves, y por eso ni me indignada mucho ni protestaba, me limitaba a conseguir más dados y seguir jugando.

Tiendo a pensar que la normalización y la tolerancia tienden a abrir la mente de las personas. Está claro que siempre va a haber personas poco autocríticas que se preocupen de dar continuidad a formas de pensar retrógadas, pero creo que incluso estos tenderán a estar más callados.

Así que si hay cierto progreso en todo esto, lo que yo me pregunto más bien es por el tiempo que exige este tipo de cambios. Porque si nos ha costado mucho entender la igualdad de género -y aún queda mucho por recorrer-, ¿cuánto tiempo va a ser necesario para que la siguiente expresión sea vista con un facepalm no solo por los que tienen un pensamiento empático:

Quote:
Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen.


“Hazte Oír” y “El Libro Prohibido”. No te jode, porque el colectivo oprimido es el de los blancos heterosexuales.


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