Hermanos Juramentados de la Espada Negra
La larga historia de Jarkam Delak
15-9-2016 12:46
Por Crom
En el número 1 de la revista XIII Runas aparecen las historias de gran número y poderosos avatares, uno de los cuales es mío: Jarkam Delak, avatar de la diosa Liana y pelirrojo fecundo como él solo. El caso es que la historia que escribí en su día era excesivamente larga para aparecer completa en la susodicha publicación y los hermanos, con buen timo a mi entender, decidimos acortarla para que no ocupase ¿4 páginas? a saber...son casi 9000 caracteres en 15 párrafos.

El caso es que he optado por publicar aquí, aprovechando que ya podéis disponer de la versión acortada junto al resto de los contenidos de la XIII Runas número 1, la versión original del relato de la vida de mi avatar. Espero que os guste.




A veces de lo bello sale algo feo, y a veces de lo feo sale algo bello. Ese es el caso de Jarkam Delak, hijo de un porquero y su prima segunda, nacido en Avanil entre gorrinos y criado entre mugre. Más bien feo y de aspecto desagradable destacó ya desde niño por un carisma sorprendente y un pelo rojo fuego. El simpático bribón conseguía salir impune de sus múltiples tropelías infantiles gracias a la simpatía que despertaba entre propios y extraños. Pero la vida era dura, el mundo no deja de ser como es por muy simpático que puedas ser, y el dolor constante, mas él se topaba cada noche con el consuelo de una bella mujer que le visitaba en sueños. La mujer le contaba entre arrullos y dulces palabras que él estaba destinado a traer belleza al mundo.
Personaje singular y difícil de encajar en la tónica familiar de su humilde, y porque no decirlo ¡bastante desastrado! hogar, con la adolescencia a punto de iniciar su ebullición se escapó de su hogar para echarse a los caminos, esperando aprender las artes de los viajeros y artistas itinerantes. Aunque lo cierto es que se pasó los primeros de años de su viaje cosiendo, huyendo de bandidos cuando no colaborando con ellos, trabajando como un esclavo en aldeas y puestos de camino y huyendo de las personas a las que de un modo u otro estafaba para salir del trecho...o que veían a sus hijas “mancilladas” por un tunante con lengua de plata, cabello de fuego, dedos de arpista y atributos de caballo. No siempre podía correr lo suficiente, a veces la gente sospechaba del simpático viajero y le tendían una emboscada cuando aún no se había subido los calzones o tenía la manos segando las labregas ajenas. Entonces relucían los aceros, saltaban las centellas y manaba la sangre de propios y extraños, de inocentes o criminales. Jarkam Delak tuvo suerte y conservó la vida pese a estos lances no sin coleccionar cicatrices aquí y allá, nunca miró atrás.

Durante aquellos “buenos años de trifulcas y problemas” sembró más vientres que campos un campesino dormenio durante su vida, pero es algo que descubrió más adelante. La mujer de sus sueños sonreía y hablaba de la belleza que estaba trayendo al mundo.
Entre dimes y diretes de color del hierro o del cuero llegó a la veintena, aprendiendo un poco de todo a trancas y barrancas de los mejores tunantes, nobles, trovadores, sabios de carretera y viejos granjeros. Tuvo una breve carrera como músico que tuvo que abortar cuando su primera composición “El mote del céfiro”, inspirada por una terrible indigestión, despertó la ira de unos correctores pues, y esto no lo supo hasta pasadas las hogueras e instalado en Harrasia, contenía fragmentos de sus sueños y de la doctrina de varios cultos de Liana que se creían extintos.

Cultos con los que había tenido relación durante su etapa viajera sin llegar a tomárselos en serio más allá de verlos como grupos de hedonistas. Aquella noche de capuchas y antorchas de no ser por esos cultistas Jarkam Delak hubiese terminado atado a una pira mutilado, sin dientes y dejando tras de si frías cenizas que el viento se hubiese llevado.
En un carromato, cubierto de heno y bastante asustado, recibió durante varias semanas una apresurada pero apasionante lección de catequesis sobre la fe a Liana. En las historias que sus salvadores le contaban comenzó a ver a la mujer de sus sueños. La última noche antes de llegar a Inenil pararon en una aldea, lugar en el que un lustro antes había tenido un escarceo en la era con la hija del alcalde cuando este dormía el sopor del vino tinto.

Cuando salió a estirar las piernas su atención se desvió hacia una niña unos 4 años si no algo más, de ojos verdes y pelo color fuego. Entonces supo, comprendió, a que se refería Liana en sus sueños. Cuando volvió a desandar sus viajes de adolescencia Jarkam confirmó lo que ya sabía. Dotado de una fertilidad inaudita el fruto de sus escarceos siempre era un ser de belleza sorprendente. Se alzó de hombros, desde luego había misiones sagradas más desagradables.
Los siguientes 5 años fueron más duros que todo lo vivido anteriormente, y por ello mismo también fueron más satisfactorios. Se dedicaba a proteger a otros cultistas, cubrir su rastro cuando la Corrección aparecía, asesinar de vez en cuando a alguien, recuperar viejos textos dedicados a la diosa o sacar cultistas de Dormenia eran algunas de las tareas que aceptó. Salvó muchas vidas y segó bastantes más, solo que esta vez lo hacía con un objetivo. Seguía disfrutando de los pequeños placeres de la vida y siguió instruyéndose. Al finalizar aquel lustro él y varios conocidos decidieron instalarse en Harrasia, cansados de la peligrosa vida que vivían en Dormenia.
Jarkam Delak comenzó a aceptar trabajos para algunos ricos comerciantes harrasianos y ciertos nobles najshet, llegando incluso a acercarse al círculo de amigos del Najshet de aquel momento. Tal vez demasiado porque inició un torrido romance con una de las esposas del dios que fue, como no podía ser de otro modo, fecundo pese a las precauciones tomadas. Pero Jarkam nunca conoció al fruto de esa unión ilegítima puesto que varios conocidos suyos precisaron de su ayuda para entrar en Dormenia y obtener una serie de documentos sagrados dedicados a la diosa. Sintiéndose obligado accedió a ayudarlos, prometiendo a la mujer que amaba volver tan pronto como pudiese. Le prometió una fuga, no sabía a donde pero juntos. Un futuro juntos.
Como suele decirse, las cosas nunca salen como queremos y entre fugas, heridas, traiciones y una dolorosísima vuelta a Harrasia Jarkam tardó otros cinco años en volver a pisar suelo harrasiano. Con el corazón lleno de pesar, la mente llena de escusas y alguna que otra nueva cicatriz, tanto dentro como fuera de su cuerpo, volvió pensando solo en descansar y disfrutar amando y siendo amado.
Se encontró con el cuerpo de su esposa sepultado. Rumores de asesinato y de infidelidad. Se veía que Najshet era un dios pero no sabía bien como llevar los cuernos. Furioso y cansado, dolorido y falto de algo más necesario que el aire asesinó con nocturnidad al que fuera su amigo, lo amordazó tras sedar a quienes calentaban sus sábanas por la noche y luego dedicó varias horas a ver como el veneno bloqueaba sus vías respiratorias hasta dejarlo azul. Dejó el cadáver tras de sí y se echó a la búsqueda de la hija que ella había llevado dentro de su cuerpo. Por una vez se sintió...responsable de alguien.
La encontró tras dos años de búsquedas y sobornos, en un recinto de las Furias. Reducida a poco más que un animal maltratado solo la pudo reconocer por el fuego de su cabellera. Había oído hablar de las Furias y de su credo, había desechado en su necedad que siguiesen la palabra de su diosa. Pero lo que vio, todo por lo que había luchado y todo en lo que creía deformado de aquella forma, le hizo despertar. Tras una peligrosa infiltración sacó a la niña, a la que llamó Najude sin saber muy bien porqué, y consiguió llevarla a un lugar seguro. Pero Najude era más una bestia que un ser humano, su mente había sido quebrada por la brutalidad del régimen de las Furias. Tras un año y pasar una noche juntos, intentando por encontrar un resquicio de esperanza, Jarkam le regaló una muerte rápida.
Decidió que iba a poner fin a aquella aberración. Iba a liberar a las Furias, conducirlas hacia un futuro más brillante y enseñarles la verdad del Amor de Liana. Planeó, maquinó, asesinó y extorsionó para mejorar su posición en vistas al golpe.
Tras una fuga con varios cientos de furias, que fueron devueltas al redil para ser castigadas, le cortaron la cabeza, dejando que los buitres diesen buena cuenta de sus resto.

Ahora es Jarkam Delak quien aparece en los sueños de la gente.