Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Reconociendo el terreno
8-10-2015 11:31
Por Verion
Esta tarde tengo partida de los guardianes de tumbas, y he decidido ponerme al día con los informes de partdas en forma de "rolato". En este caso me he extendido un poco más, me explico después del texto.

Allá va la segunda parte, "Reconociendo el terreno".

Nelk se sentía enardecida por la defensa del templo, y aunque sabía que tarde o temprano llegarían más enemigos, aquello parecía lejano, y aprovechó los días del calma que resultaron para entender cómo había de reparar su armadura de cuero, y así cumplir la palabra dada a sí misma de no volver a pedir nada a los miembros de la tribu, que en cualquier caso ya se marchaban del lugar para seguramente no volver.

En realidad tenía deseos de que volvieran los harrassianos, y volver a combatir ante ellos y probarse a sí misma como guerrera una vez más, pero por lo que oía de las conversaciones en el templo, Msrah tenía otros planes: todo el mundo era consciente de que el templo no se podía defender esas circunstancias, y que había que viajar a la capital para conseguir apoyo oficial de los líderes Najshet.

A Nelk no le hacía demasiada ilusión volver a Harrassia, pues ella había habitado en ese lugar, en el pozo de furias más grande del mundo, pero por otra parte Harrassia tenía que estar lleno de harrassianos, y ella quería matar harrassianos.

Finalmente se decidió que Kadhaj permanecería en el templo con las furias como una última defensa ante saqueadores puntuales, y que Msrah y Dafne partirían hacia la capital. A ella le parecía bien, solo esperaba no estar en el lado en el que no hubiera harrassianos.

Tras un entrenamiento con las otras furias, su amo se acercó a ella.

-Se diría que estás muy entregada desde el ataque de la carsij, Nelk -mencionó, más tranquilo de lo que acostumbraba.

Kadhaj había sufrido importantes heridas durante el combate, y aunque ya se había recuperado del todo, parecía algo más meditabundo que de costumbre.

Nelk sabía que podía vencer a cualquiera de sus compañeras, pero había pasado a vencerlas a las dos juntas, siempre. Aún así elevó los hombros.

-Te irás con Msrah -le dijo al final Kadhaj-. Le obedecerás en todo lo que te diga.

-¿Él es mi amo ahora? -preguntó ella.

-Por el momento sí. Si vuelves viva, ya veré. Encárgate de que Msrah vuelva en perfecto estado.

-¿Debo protegerlo con mi cuerpo, señor?

-Eso lo sabes mejor que yo -respondió el guardián.

Eso era cierto, la encargada de protegerlo era Dafne; su misión era eliminar a sus enemigos a gran velocidad. Pero claro, ¿quién la protegería a ella? Sonrió: solo ella se protegería a si misma, tenía que matar a su enemigo antes de que este le matara a ella.

Pero había de reconocer que se sentía segura tras la batalla de los cincuenta harrassianos. Estaba segura de haber eliminado a más que ningún otro defensor del templo, y también estaba segura de poder enfrentarse a su líder si acaso volviera a encontrarse con él. Pero claro, había muerto intentando huir de la masacre.

La perspectiva de viajar, no obstante, la agobiaba. La mayor parte de furias tenían el ingenuo sueño de que viajar era una experiencia misteriosa en la que encontrarse con aventuras, pero ella había descubierto que viajar era aburrido, ya fuera en una jaula o caminando por el propio pie. Y en ese caso, viajando solamente tres, en el improbable caso de que pasara algo, sería una de las tribus como la del escarabajo intentando atracarlos. Y como solo eran tres, tendía a pensar que lo único que podría protegerles era que no tenían de nada. Excepto las armas y las armaduras, claro.

Llegaron sin mayores problemas a un puesto avanzado. Nelk olisqueó la familiar fragancia a cuero, caballos y sudor harrassiano. ¿Por qué no contarían con las fuerzas para poder atacar todo aquel puesto y reducirlo a huesos, sangre y ceniza? Convivir con los repugnantes harrassianos le asqueaba, por lo que dormía apoyada en la pared, con la espada lista para ser desenfundada por si alguno de aquellos asquerosos se acercaba lo suficiente.

A la mañana siguiente Dafne y Msrah estuvieron debatiendo alguna consideración. Nelk estaba segura de que estaba relacionado con la unidad de caballería que había acampado en el lugar y que en ese momento se ponía en marcha hacia el este, alejándose de la capital. Finalmente el sacerdote decidió seguir de lejos a la unidad. Ella se sintió fastidiada, esos trasiegos le alejaban de la verdadera acción, y en cualquier caso parecía poco probable que pudieran repeler a esa fuerza sin la ayuda de la capital. Y aunque dicha unidad rebasó la posición del templo por el camino, Msrah decidió seguirla un tiempo más, lo que les llevó a otro de aquellos puestos avanzados.

A diferencia del otro, el segundo contaba con una floreciente comunidad de comerciantes y productores con su propia fragancia, y, para su alegría, una comunidad Najshet. Msrah consiguió ser recibido por el líder Najshet de dicho emplazamiento. Fue ahí donde dos guardias se interpusieron en su camino.

-Ella no pasa -dijeron.

-Es de mi propiedad -dijo Msrah-. Yo me responsabilizo de ella.

-Es una criminal -insistieron.

-Culpable -escuchó Nelk en su cabeza.

Tuvo ganas de agarrarlos por el pescuezo y gritarles que ella había matado a diez harrassianos con sus espadas bajo la atención de Liana, que no podían impedirle el paso, pero no hizo nada.

-Esperaré, jefe -dijo-. No pasa nada.

Pero claro que pasaba. De nuevo se sentía en la celda de las furias, de nuevo había matado al gladiador donde nadie lo había esperado, y de nuevo sus compañeras se reían de ella en lugar de apreciar sus éxitos. ¡Daba igual cuantos infieles enviara con Taharda, a nadie le importaba! Durante todos esos días se había estado haciendo ilusiones con que esa veteranía, esa jornada de muerte y liberación fuera evidente al verle la cara, pero lo único evidente era un tatuaje en el que ponía “culpable”.

Culpable.

Se quitó la armadura de cuero y la dejó junto con las espadas y el equipaje en el territorio Najshet, bien escondidas, y se dirigió a la zona harrassiana del puesto avanzado. Ahí se sentó en medio de una zona de paso, y empezó a pedir dinero. No conocía la palabra harrassiana para hacerlo, así que lo hizo en el lenguaje Najshet, sin tener ningún éxito.

Más tarde de lo que esperaba apareció un defensor del puesto de aspecto descuidado y rudo. Ahí estaba su oportunidad de demostrar una vez más a todo el mundo que era capaz de mucho más. Con poca delicadeza el soldado la empujó e hizo levantarse, y después la empujó. Al segundo empujón ella se apartó y lo empujó a él. Le dijo algo que no entendió. Había llegado el momento de emplear algunas de las palabras harrassianas que conocía.

-Harrassiano no tener gonadas para enfrentar mi.

Resultó que sí tenía gónadas, y de hecho una maza con cabeza de metal. Nelk sacó las dos dagas que le había tomado prestadas a Msrah pocos días atrás, y empezó la pelea que había deseado desde que le habían impedido la entrada. Pero el harrassiano no resultó ser demasiado rival, y no mucho más tarde se rendía en el suelo, con varios tajos por los brazos.

Inmediatamente destacaron entre la multitud que intercambiaba sus dineros tres soldados que debían ser compañeros del primero. Aquello mejoraba por momentos.

Nelk lanzó una de sus daga contra el primero. Aquello desconcertó el hombre, que abrió su guardia lo bastante como para que ella diera dos potentes tajos en su estómago, tan potentes y precisos que sus intestinos cayeron pesadamente al suelo a través de la gran apertura. Ella se llevó un buen golpe de la maza de uno de los otros dos, pero, ¿qué importaba? A fin de cuentas para eso estaba ahí, para causar dolor.

Consiguió otro buen impacto en otro de los dos defensores, y el tercero pareció pensar que aquellos hombres no eran tan buenos amigos suyos. Nelk escupió al suelo. Había sangre en la saliva. No le sorprendió.

-¿Dónde están los siguientes? -preguntó.

No tardaron demasiado en aparecer. En ese caso se trataron de tres miembros de la caballería harrassiana, mucho más tranquilos, mucho mejor equipados, y sin duda reconocidos por la multitud que se dispersó.

Nelk sabía que con sus espadas podría quizá enfrentarse a ellos, pero con dos dagas y sin armadura no tenía ninguna oportunidad. Aún así lo intentó.

Bastantes golpes después fue transportada casi inconsciente a una prisión oscura. Había conseguido su propósito, había hecho daño y le habían hecho daño. Entonces, ¿por qué se sentía tan desgraciada? Se tumbó en una esquina, y sintió frío. Se volvía a sentir de nuevo en la celda de castigo, atada para no cortarse a sí misma. ¿Cuándo, en aquel frenesí de experiencias en los que el pasado lejano se fundía con el pasado reciente y con el presente, se había meado encima? ¿Le sacaría Msrah de la prisión, y entendería así que valía algo, o la dejaría morir como a un insecto, ejecutada por los harrassianos?

Finalmente ocurrió lo primero, y en lugar de sentir el orgullo de sentirse importante para alguien, sintió la más profunda vergüenza: Msrah no le dijo una sola palabra. ¿Por qué no le regañaba? ¿Qué significaba ese silencio tan desconcertante?

-Hemos conseguido audiencia con una sacerdotisa de Liana que está en una situación similar a la nuestra, pero que cuenta con un cuerpo de guardia que quizá nos podría prestar hasta que volvamos de Harrassia. ¿Puedes caminar?

-Sí -respondió ella, avergonzada.

En realidad no tenía fuerzas para caminar, pero no quería obstaculizar más las intenciones de Msrah, y se pasó el resto del viaje reprendiéndose a sí misma por no haber tenido en consideración sus deseos, que a fin de cuentas eran los del Najshet. Se dijo a sí misma que algo tenía que cambiar de una vez por todas, que no podía ser que una guerrera que había matado a tantos hombres se viniera abajo por… ¿tan poco?

La arena del desierto dejó lugar a un nuevo misterio que en ese caso sí que justificó el viaje en sí mismo. Nelk observó el curioso emplazamiento, una especie de circo similar a algunos pozos de combate, pero cavado en el mismo desierto. En su centro un templo dedicado a Liana centraba su atención. Y si peculiar era el lugar, más peculiar aún resultó su gente. Una buena cantidad de furias caminaba libre por el lugar, y nadie le impidió a ella el acceso al mismo templo, donde pudo participar en un imponente rito oficiado por una sin duda poderosa sacerdotisa, que en esos momentos estaba preñada hasta el punto de que parecía ponerse de parto en cualquier momento. Nelk no dudó en unirse al rito en el que sintió que aquel podría ser un gran lugar en el que vivir.

Algo más tarde se produjo la importante conversación entre Msrah y la sacerdotisa Sohaila. Por primera vez Nelk asistió a una de estas reuniones. En ella se desveló que la sacerdotisa vendía reliquias a los harrassianos, pero que estas no tenían antigüedad, sino que eran muestras de una artesanía realizada en el momento presente por uno de los chicos del lugar. También quedó muy clara la posición de Sohaila en la cuestión de enviar hombres para defender el templo de Msrah en su ausencia, pese a la insistencia de Msrah.

-A nuestro templo vinieron cincuenta harrassianos a caballo -había dicho varias veces-, y no vamos a poder defenderos de otro ataque igual. Con lo que tienes aquí tampoco vas a poder enfrentarte a largo plazo a las fuerzas harrassianas. Lo que te propongo es juntar tus fuerzas con las que nos proporcione Jebertep para formar una unidad itinerante que cobra ambos templos.

-¿Y dónde estaría esa fuerza? ¿Cómo sabría donde actuar?

-Utilizaremos espías, mendigos camuflados en los puestos avanzados. Sabemos que las carsij hacen la noche en los puestos, podemos superar su movilidad con unos pocos hombres. Apenas tendría coste para nosotros, y nos permitiría defender ambos templos con mucha más efectividad y menos coste para el Najshet.

Nelk había cruzado miradas con Dafne. Aquello parecía un gran plan, pero aún Sohaila no se decidió a compartir ni un solo hombre.

-Yo he montado este lugar gracias a la gracia de Liana -les había dicho más tarde-. Sois libres de venir aquí y uniros a su seguridad. Todas su comodidades están a vuestra disposición mientras estéis aquí como invitados o habitantes.

-Los harrassianos no son tus aliados, querrán más y más, y cuando no puedas dárselo te atacarán como a nosotros… pero te agradecemos tu hospitalidad -respondió, Msrah.

Nelk tenía claro por el tono empleado y por el gesto posterior que Msrah estaba frustrado, y Nelk podía entenderlo. Sintió por primera vez cierta simpatía por aquel que era su dueño temporal, e incluso entendió que él también estaba sujeto a muchas órdenes y tensión. Ella también se sintió no solo frustrada, sino algo asqueada. Sintió también que nuevas ideas se hacían un hueco en su cabeza inspiradas por la claridad mental del sacerdote.

-Señor, pido permiso para hablar con Sohaila. Tengo dudas religiosas -mencionó, no muy segura de convencerlo. No obstante este asintió, simple y conciso.

En verdad no era mentira que tuviera algunas dudas, pero no era del todo verdad lo que le había dado a entender: que iba a plantearlas de una forma humilde.

Por supuesto respetó su posición, y simplemente se sentó a su lado, pacientemente hasta que fue Sohaila la que le habló a ella.

-¿Cuál es tu nombre? -quiso saber.

-Me llamo Nelk.

-¿Y quieres decirme algo, Nelk?

-Sí, pero solo soy una furia, y me cuesta encontrar las palabras. No soy como Msrah o como tú, que tenéis todo tan claro.

-Tómate el tiempo que quieras.

Dedicó un momento a ordenar sus pensamientos.

-Verás, Sohaila, tienes un templo en el que has conseguido gran prosperidad. Los habitantes están contentos, y hay libertad.

-¿Pero? -preguntó la sacerdotisa.

-Todas estas cosas están bien, pero no se pueden obtener a cualquier precio. Te has vendido a los harrassianos, le estás vendiendo la gracia de nuestro pueblo.

-No les vendo ninguna reliquia real, solo artesanía hecha gracias a esta prosperidad.

-¡Eso es falso! Les vendes la gracia de Liana que ese chico puede conseguir imbuido por la influencia de la diosa. Yo me pregunto, ¿cómo es posible que la diosa permita semejante humillación? ¿Cómo no te das cuenta de que esta gente prefiere vivir con mucho menos para preservar la gloria de Najshet? Antes nos ofreciste… ¿cómo dijiste? ¿comodidades? A mí me dan asco todas estas comodidades por cómo han sido obtenidas. Y no pienso utilizarlas.

Nelk se sintió fatigada por la conversación. Le resultaba mucho más fácil pelear que hilvanar frases complicadas.

-Entiendo lo que quieres decir, pero yo misma me pongo a disposición de los dioses. Tú estás armada, y yo no. Puedes levantarte y matarme si te consideras el brazo de Liana. Yo me he puesto a su disposición, y lo acepto.

Nelk se levantó, y fue consciente de que tenía la atención de algunas otras mujeres presentes en el templo. Ciertamente se vio a sí misma decapitando a la sacerdotisa y saliendo al exterior con la cabeza, y ciertamente creía que le haría un favor a Liana, pero de nuevo la palabra “culpable” apareció, no en su frente sino en su mente, y sintió que no podría cargar con más odio de su gente. Lloró una vez más por la frustración, y sintió lástima de sí misma por ser tan débil.

-Por lo que he sentido antes en el rito es evidente que yo no soy el brazo de Liana. De hecho, creo que Liana se ha vuelto loca. Creo que mejor buscaré mis respuestas en Msrah.

Y así salió del templo, completamente disgustada y deseando ejecutar a cuanto hombre o mujer se encontraba en su camino, hasta que entró en la tienda de su señor.

-Siento tener que decirlo así, pero estas… comodidades están pagadas con el dinero de los harrassianos, y a mí me dan asco. Creo que deberíamos descansar fuera del templo.

Ella estaba dispuesta a hacerlo, pero dudaba que Msrah cediera a su idea, pero no obstante este asintió.

-Tienes razón, Nelk.

Ella se sintió conmovida por la disposición del sacerdote: que ella renunciara a las comodidades le resultaba natural, pues estaba acostumbrada a la mugre y la suciedad del pozo de furias, pero Msrah y Dafne eran personas nobles y elevadas. Entendió que Msrah era un gran hombre al que seguir.

-No entiendo qué pasa -le confió al sacerdote cuando ya estuvieron establecidos-. Esta mujer está bendita por Liana a pesar de que prostituye su gracia. ¿Debo dejar de servir a Liana, Msrah?

-Tu talento es la muerte, Nelk -le dijo el sacerdote.

Ella se empezaba a sentir convencida de desviar sus rezos hacia la diosa Taharda, si bien quería esperar a entender mejor lo que ocurría.

-Hay algo en lo que Nelk tiene razón, señor -dijo Dafne-. Permanecer aquí es inútil.

-Descansaremos y partiremos. Reanudaremos el viaje a Harrassia.

Nelk no durmió bien. ¿Quizá había hecho mal dejando con vida a Sohaila? ¿Había una forma de ayudar a Msrah que no estaba entendiendo?

A la mañana siguiente la despertó de forma abrupta: Sohaila se dirigía hacia su campamento acompañada por seis furias. Ella se preparó para desenfundar, aunque pronto se dio cuenta de que el viaje no revestía peligro. Sohaila se despidió de forma emotiva de una de las mujeres.

-Ellas quieren partir con vosotros -comunicó.

-Te lo agradezco -dijo Msrah.

-No es mi voluntad, son mujeres libres. Les convenció el discurso de Nelk.

Nelk se sintió sorprendida. Era la primera vez en su vida que convencía a alguien.

-Ella es mi hija Suansua -mencionó como despedida.

Algo más tarde, durante el viaje, Dafne se dirigió a ella.

-Sohaila se despidió de su hija como si no la fuera a volver a ver, pero yo creo que es al revés. Tengo la sensación de que la próxima vez que volvamos a esta lugar lo veremos reducido a escombros.

Nelk tenía la misma sensación, pero, ¿quién podía decir cuál era la voluntad de los dioses?

Dejaron a las furias en el templo y emprendieron de nuevo el prolongado viaje a Harrassia. Nelk tenía la sensación de que en las últimas semanas había vivido más experiencias que en el resto de su vida junta, y aunque el viaje no estuvo exento de problemas, le pareció que había pasado un suspiro desde que se habían despedido de Sohaila, a la cual, pese a todo, echaba de menos: ya en la capital se repitió la misma situación que en el puesto avanzado: no le dejaron entrar.

-Esta vez no hagas nada peligroso, Nelk -le dijo el sacerdote.

-No, señor.

No pareció muy convencido.

-Dafne, asegúrate de que cumple con lo que ha dicho.

Nelk sintió la misma culpabilidad que cuando le habían arrancado un ojo al miembro de las tribus por su intento de pelea. Cuando lo hacía mal, otros pagaban.

-Lo siento -dijo-. No quería que te perdieras la reunión.

-Bah, no pasa nada. ¿Estás bien? La otra noche cuando nos atacó la hiena…

-¡Tengo una idea! -interrumpió-. Como eres guardia puedes conseguir acceso al pozo de las furias, iremos a rezar al templo de Liana.

-¿Estás segura de que no estás buscando una pelea?

-No, vamos. No nos atacarán, tranquila, sería un crimen por su parte hacerlo.
Dafne accedió, aunque Nelk había de reconocer que estaba siendo optimista. Dentro del pozo de furias más grande del mundo podían pasar muchas cosas antes de que la guardia reaccionase, y dos personas que se adentraban voluntariamente estaban más abandonadas a su suerte que protegidas por la ley. Pudieron entrar tranquilamente, y concluyeron su rezo de una forma algo tensa. Fue a la salida del templo cuando les cerraron el paso. Pero Nelk reconocía el miedo, así que se acercó a la cabeza del grupo y le escupió en un pie sin dejar de mirarle a los ojos.

-¿Cómo lo has hecho? -le preguntó la cautiva-. Queremos ser como tú.

Nelk se sintió sorprendida. Era la primera vez en su vida que oía algo así. Le gustaba, no por la admiración, sino por saber que eran ellas las que lo estaban haciendo mal. Se acercó a ella y acercó sus frentes hasta que se apoyaron.

-¡Culpable! -le dijo.

Después las empujaron y salieron del lugar sin mayor problema, y no mucho después volvieron a estar reunidos con Msrah, quien las informó.

-He explicado a Jebertep todo lo que hemos visto. Nos dará una respuesta dentro de dos días.

-¿Tenemos dos días para hacer lo que queramos, señor? -preguntó ella.

-¿Tienes alguna idea, Nelk?

-Sí, señor. Quiero que me utilices para ganar dinero.

-¿Quieres luchar contra gladiadores otra vez?

-Sí, señor. Pero esta vez quiero una parte de lo que se obtenga.

Algunas cuestione que pueden ser interesantes:
  • La partida llevó algo de tiempo, y fue muy "objetiva" (algunos dirían sandbox). De hecho estuvimos a nada de palmar ingeridos por hienas en un encuentro que incluyo mencionado de pasada. Quizá sea parte de una trama futura, o sea algo que pasó y ya está, quién sabe. Resultó curioso que el Creador tenía que pararse de vez en cuando a pensar. No nos importó.
  • El desarrollo de personajes fue muy bueno. Está claro que hay una trama central, pero que van apareciendo diferentes historias en función a la actuación de cada uno. todas las conversaciones ocurrieron, menos las de Kadhaj que no estuvo.
  • La partida representa bien la decadencia de Najshet. Los personajes tienen que aceptar de alguna forma como se relaciona su cultura con Harrassia. Sohaila busca la prosperidad y comodidad de su gente apoyándose en estilo harrassiano, y Msrah la gloria de Taharda con métodos similares. Dafne obedece órdenes, y Nelk no tiena nada claro.
  • Pasaron otras cosas, pero entre que Nelk no estaba y que no entiende el idioma harrassiano, no se enteró de la mitad. A ver si se entera en las siguientes partidas.
  • Creo que Nelk ha mordido más de lo que puede tragar, y veo posibilidades de que no salga con vida de la arena de gladiadores, pero ahora tiene el anherlo "probarse a sí misma como combatiente". Esta tarde tendrá una dura prueba.


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