Hermanos Juramentados de la Espada Negra
Cuántos veranos me quedan...
21-6-2018 20:08
Por Verion
Hoy a la una de la tarde salí a correr, que es algo que hago entre tres y cinco veces por semana. Hacía un importante calor, y sudé lo mío, pero al concluir me di una ducha fría en el jardín tras lo que me comí unas rodajas de sandía no menos fría. Joder, debe haber pocos placeres más sencillos, así que como todos años me he preguntado, ¿cuántos años más podré hacer esto?

De verdad que me gusta el verano. Disfruto de todas las estaciones del año (y hago deporte en todas ellas), pero en la época estival estoy especialmente motivado, ya sea para hacer pesas (¡y ya llevo veinte años!), correr, patinar, bucear, escalar o lo que sea.

Todo lo bueno se acaba. En verdad lo malo seguramente también, pero en cualquier caso yo, que soy consciente cada mañana de que ese día puede ser el último, pienso en que este placer tan básico algún día se acabará. Hay quien dice que algún día me moriré, corriendo bajo un sol de justicia en el secarral.

Estaba pensando en escribir sobre este concepto, pero tuve que marcharme para reunirme con unas personas con las que hago negocios, así que abordé mi vehículo (en realidad solo mío en usufructo) y me dirigí hacia la gran ciudad como hago habitualmente. Pero mucho antes de que llegara me encontré un atasco monumental. No un gran atasco, no, un atasco monumental en el que los vehículos no se movían ni un ápice.

Por fortuna pude evitarlo adentrándome en poblados en lugar de incorporarme a la autopista. Saben, mis pies se conocen cada una de las putas calles que he recorrido. Mi botas conocen los baldosines, mis ruedas, los baches, hasta el punto de que si no hubiera objetos móviles, quizá podría circular con los ojos cerrados. Soy el tipo de persona que se fija en por donde va, sé dónde están las cámaras de tráfico, donde se pueden hacer las pirulas (no las hago, pero sé dónde se puede), dónde se puede parar el coche, y hasta si me apuras, cuál es el sitio adecuado para soltarle una galleta a un imbécil.

Así que como comprenderán los estimados lectores, muchas veces evito los atascos, y este en su mayor parte lo he esquivado, y he podido llegar a la reunión no demasiado tarde.

El caso es que la A1 no se bloquea a las dos de la tarde por nada, y me decía la radiación cósmica de fondo (o la lógica) que había debido haber un accidente, cómo decirlo, respetable. Unas horas después alguien cercano me pasó un vídeo que accioné por error, por que de verdad que habría querido no hacerlo. En este se veía toda la secuencia en la que un camión se salía por la mediana, y otro vehículo se empotraba y, no sé por qué, todo el conjunto ardía de una forma veloz. Lo más horrible era que el conductor del vehículo salía de entre las llamas arrastrándose. Lo han trasladado a La Paz con pronóstico muy grave, lo cuál viendo el vídeo es más que comprensible. Incluso aunque tenga “suerte” y salve la vida, lo hará con una pérdida de piel y masa muscular tan grande que estará impedido el resto de sus días.

La verdad es que no quería ver este vídeo. No he logrado (ni pretendido) retener las lágrimas, y he quedado honestamente apenado y afectado por la triste situación de esta persona de cuarenta y dos años de la que ahora circula un vídeo que quizá acabe viendo su pareja, o su madre, o su hermana, que quedarán si cabe más destrozados por la situación.

Me dan asco muchas cosas de la modernidad. Me da asco que haya imbéciles que se dediquen a grabar a una persona en llamas en lugar de llamar a urgencias, o a lanzarse corriendo a proporcionarle el auxilio que puedan. Me produce el más hondo desprecio. De verdad, si pudiera les golpearía.

Algún día seguramente yo me estaré muriendo, y casi que deseo que sea pronto, porque si tardo mucho seguramente haya un imbécil con una cámara documentando como el conjunto de mis células lucha por mantenerse con vida, como es mandato biológico casi ineludible. Y la vergüenza de verme inválido e inútil será la gloria de ese imbécil que compartirá con sus contactos lo guay que es porque captó un momento impresionante con su cámara de cretino, mientras mis seres queridos pasan un rato de mierda.

Así que cuando alguien me dice que deje de salir a correr bajo el sol en los cultivos, yo casi que me río. De verdad, que ojalá me muera en medio de los campos que me han visto crecer y correr, allá donde no haya ningún imbécil con una cámara. De verdad, que ojalá que las rapaces que cada día me hacen compañía se den un banquete con mi carne, y que no dejen ni los huesos. Que no haya ni una puta foto de mi muerte.


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